
Con la entrada en calor por el calendario electoral en la provincia de Córdoba, han saltado al tapete discusiones que no sorprenden por remanidas, pero que han llegado por estos días a ponerse al rojo vivo.
Abundan los que analizan la política con la superficialidad futbolera. Tiene que ganar River para que no gane Boca o viceversa, como si eso cambiara algo en este mediocre fútbol argentino que es puro negocio.
Esta discusión del kirchnerismo cordobés sobre si no haciendo alianza con el anticristinista Schiaretti le entregamos la provincia al PRO, como si de esa situación dependiera la suerte de los cordobeses, y más aun de los argentinos, es un espejo de aquéllas opciones futboleras. Pululan por las redes las etiquetas de «socialdemocratas» o «progres» a quienes nos oponemos a cerrar filas con un peronismo claudicante y pilar del poder neoliberal.
Lo primero que habría que volver a decir es que la suerte de los argentinos depende de que podamos conformar el más amplio frente antineoliberal para que se vayan Macri y su banda. Por lo que de quien se quede con el gobierno en Córdoba, no gravitará sustancialmente en la elección nacional que va a requerir de otro armado electoral. Si gana Cambiemos, Macri podrá montarse sobre el resultado electoral de su provincia preferida y vaticinar que es un anticipo de su triunfo en octubre. Si gana UPC, Schiaretti se verá refrendado en su afán de dar disputa electoral con el Peronismo Federal, junto a Urtubey, Pichetto, Massa, Bossio






«… influyó en mí la idea de reflejar un modelo sindical que hoy ha desaparecido o se encuentra a cuentagotas en el universo gremial del país. Ver a los dirigentes sindicales varias veces millonarios, accionistas de empresas, personajes de la farándula televisiva o del deporte, o peor: sentarse a considerar propuestas lesivas para los trabajadores o dialogar de rodillas con los dueños del capital, y ahora del gobierno, sin poner condiciones, abandonando a los trabajadores a su suerte, resignarse sin luchar, defendiendo negocios personales o intereses corporativos o ir a «aprender» en reductos neoliberales, como el coloquio de IDEA, fue el acicate que faltaba para ponerme en un trabajo febril que interrumpí pocas veces.




-«el presidente más legitimado en la historia de México»- destronando al sempiterno, corrompido y desgastado PRI y al derechista PAN, ha despertado expectativas y esperanzas no solo en el pueblo azteca sino en toda Latinoamérica. Con promesas de equidad social, lucha contra la corrupción, prioridad a los intereses nacionales e intervención estatal en la economía, ha generado una movilización de masas sin precedentes y la preocupación y reacción de quienes detectan el poder real, lo que le ha valido ya un atentado a su vida en el que sucumbió su chofer. Evidentemente las clases dominantes están dispuestas a recurrir a cualquier método para impedir no ya un proceso revolucionario sino ni siquiera el mínimo recorte a sus privilegios.