La ultima quincena de junio tuvo a los colombianos en estado de indignación. El proyecto de reforma a la justicia que envío el presidente Santos a principios del corriente año con el objetivo de agilizar un sistema judicial moroso, que estaba a punto de archivar miles de causas, estuvo escandalosamente en el tapete por estos días provocando una de las mas agudas crisis institucionales en Colombia.

Para tal reforma en este país es menester apelar al mecanismo de la enmienda de la Constitución, cuya responsabilidad cae sobre la Asamblea Legislativa integrada por la Cámara de Representantes y el Senado donde el partido de la U, el oficialismo (uribismo), es la primera minoría y el resto hasta cubrir casi el 90% de la cámara, lo integran el panuribismo y las demás variantes conservadoras y liberales. El proyecto estuvo en estudio en ambas cámaras hasta mediados del mes pasado; al finalizar su tratamiento paso a la Comisión de Conciliación integrada por representantes de las dos cámaras y cuya función es compatibilizar las modificaciones y aportes para elaborar un proyecto único. He aquí el comienzo del bochorno.

Según las crónicas de los medios colombianos, una parte de los conciliadores del senado se reúnen en una residencia particular para acordar una serie de modificaciones, que luego serán consensuadas con el resto del los conciliadores de ambas cámaras. A esas reuniones y haciendo sus aportes y objeciones asistió a su vez Juan Carlos Esguerra, Ministro de Justicia del Gobierno Nacional, que según su versión, fue invitado a retirarse en la última reunión aduciendo que la reforma era una facultad de los congresistas.

Hay que decir en este punto que la corrupción corroe todos los estamentos institucionales y la sociedad de Colombia, y es tal su magnitud e influencia – desde la perspectiva de este observador extranjero – que es en buena medida responsable del fracaso o la pérdida de eficacia de la mayoría de las políticas públicas y de la inequidad social. Si comparamos, los corruptos argentinos son aprendices al lado de los ejemplares colombianos. En una nota anterior señalábamos el papel que juega la corrupción en el sistema de salud para hacer ineficaces las iniciativas y los planes de gobierno para mejorar un sistema de por sí muy malo. En este caso se trata de la corrupción política o de la “parapolítica” o “narcopolítica”. En los tribunales hay unos 1500 casos de ex congresistas, funcionarios, jueces, militares, y aun congresistas en uso de sus funciones acusados de tener vínculos con el narcotráfico o los paramilitares, o por tráfico de influencias y otros negociados. Estos juicios, que esperan fallo desde hace tiempo, están parados o tienen una morosidad exasperante y fácil en semejante contexto, inferir por qué.

Para acelerar estos trámites, se suponía que venía la reforma pero los congresistas la aprovecharon para blindar su inmunidad y la de los demás funcionarios con fuero, con una serie de artículos agregados que la prensa bautizó como “micos”.

http://www.eltiempo.com/Multimedia/infografia/micos/

Esta reforma que iba a obtener como resultado el archivo de las causas señaladas y la imposibilidad práctica de iniciar nuevas causas por la parapolítica, fue finalmente puesta a consideración de la asamblea legislativa el 20/06 y aprobada por 115 de los 125 legisladores presentes. Solo votaron en contra el bloque del Polo Democrático, y los unipersonales de Mira y Afrovides, a los que se sumaron integrantes de los demás bloques que no acompañaron a la mayoría por cuestión de conciencia. Hasta aquí, era un hecho tan oscuro e indiferente para la ciudadanía en general, como en general lo es la actividad legislativa en todos los países del mundo. Pero inmediatamente de aprobada, Esguerra denunció la maniobra y el sentido que tenía y presentó la renuncia indeclinable al presidente. Se desató el escándalo. La prensa, los partidos progresistas y los estudiantes como sector más sensible, jugaron su rol e involucraron a la ciudadanía que reaccionó indignada. El presidente Santos tomó nota y anunció que no iba a promulgar la reforma. Los colombianos de a pie vomitaban en cada micrófono que le acercaban su bronca: “corruptos”, “delincuentes”, “que renuncien” “son peores que Pablo Escobar porque no legislan para el pueblo”, etc. Inmediatamente reaccionaron los estudiantes, el gremio judicial y partidos opositores quienes iniciaron “el firmatón”, para recolectar las firmas necesarias para una convocatoria a referendo para voltear la reforma. El presidente Santos anuncia la vuelta al congreso del la norma para que quiten los “micos”. Entonces se inicia discusiones en los medios, con constitucionalistas y políticos para determinar si era viable volver a tratar el proyecto. Surgieron así propuestas de convocatoria a asamblea constituyente, de revocatoria de los congresistas, de eliminar los artículos cuestionados y dejar el resto o de hundirla totalmente. Los ciudadanos estaban cada vez más indignados y firmaban con la dos manos las planillas que se exhibían en muchas ciudades de Colombia. Finalmente Santos reenvía el proyecto al congreso y da instrucciones a los congresistas de la U para hundirlo totalmente. El día llega. Los sectores que impulsan la revocatoria convocan a un plantón en la plaza Simón Bolívar frente al Congreso para reclamar por el hundimiento de la reforma y seguir juntando firmas (por las dudas). En la plaza no muy colmada y con una presencia fuerte del gremio judicial, se hacen encendidas alocuciones desde un palco en contra de los congresistas y del gobierno de Santos, al que se lo ridiculiza en un video. El Polo Democrático aparece como fuerza política conduciendo la protesta, junto a Marcha Patriótica estudiantes y el gremio judicial. “No queremos, no se nos da la gana, tener una justicia más privatizada; sí queremos porque nos da la gana tener una justicia libre y soberana” es la consigna mas coreada. Desde este espacio no solo se cuestiona los micos introducidos por los legisladores sino la reforma impulsada por Santos a la que atribuyen intenciones de traspasar a manos privadas funciones de los jueces y hacer la justicia más cara para el pueblo.

A eso de las 3 de la tarde comenzaron a ingresar los legisladores bajo un coro de insultos mientras el titular del gremio judicial anuncia que estaban de paro y lo estarán por tiempo indeterminado hasta que se caiga la reforma.

Las sesiones por separado de la Cámara de representantes y del senado se iniciaron transmitida por la televisión pública. Fueron horas donde los legisladores desfachatadamente justificaron su voto y trataron de limpiar su imagen altamente deteriorada. También se hicieron referencias a la constitucionalidad y legalidad de lo que estaban haciendo, tratando nuevamente un proyecto que había sido aprobado hacia unos días. De acuerdo a los comentarios periodísticos y de políticos y ciudadanos, se estaba viviendo la crisis institucional mas grave de los últimos años. Como nunca el pueblo colombiano siguió y se interesó por lo que hacia el congreso. Finalmente las dos cámaras sin la presencia del Polo Democrático, aprobaron por unanimidad el hundimiento de la reforma y todo quedó como al principio. El resultado es el deterioro notorio de la imagen de los congresistas, de la justicia y del propio presidente Santos al que no le alcanzó con reconocer su responsabilidad en el affaire. No obstante esto y sin esperar a que se enfríe este escándalo, en el día de ayer trascendieron los detalles de una maniobra tendiente a arreglar las elecciones llevadas a cabo el domingo pasado para elegir gobernador en el Valle de Cauca, donde viven más de dos millones de colombianos. Según la información el costo de la operación fue de un millón seiscientos mil dólares. Se encuentran varias personas detenidas y comprometido un ex legislador ya preso por vinculaciones con el narcotráfico, once funcionarios públicos y habría ramificaciones en organismos nacionales. Aparentemente todos integrantes de una vasta red dedicada a arreglar elecciones.

En un reportaje concedido al diario El tiempo, y publicado en el día de ayer, el presidente además de reconocer su error, contraataca señalando que todas las noticias malas sobre Colombia en el exterior son debidas a las FARC y al ex presidente Uribe. Encuestas llevadas a cabo por Gallup y Datexco coinciden en señalar que la imagen negativa de los congresistas se ubica entre el 69 y el 76 % aumentando casi un 20% después del incidente; de la misma forma la imagen negativa del Sistema Judicial se ubica en el 70%. Por su parte, el presidente Santos si bien sigue teniendo una imagen postiva del 55 %, antes lo era del 65%. Al parecer de todo esto salió fortalecida la oposición progresista que todavía es débil, y particularmente el Polo Democrático quien cuestionando la legitimidad de este Congreso exaltó el rol de la sociedad civil, y su imprescindible protagonismo para terminar con la corrupción y construir una Colombia en paz, con democracia real y equidad social.

Alberto Hernández

04-07-2012

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El mercado del transporte masivo de pasajeros en Bogotá

Íbamos hacia el norte de Bogotá en una buseta mínima que nos apretaba por todos lados. Un flaco de altura regular pero que no le hubiera alcanzado para jugar al basquetbol, al que le tocó viajar parado, se las ingenió para abrir la escotilla del techo y sacar por allí la cabeza. Los asientos estrechos dicen que son para dos, pero apenas alcanzan para contener una de esas caderas colombianas que abundan. Un pasillo que solo permite el paso de una de ellas, se convierte en un amasijo humano cuando uno intenta bajar por la única puerta por donde otros pretenden subir. Así como viajar , también resulta una aventura saber por donde van y subirse a ellas. Paran en cualquier lado, van por cualquier mano de la calzada; es así que a veces hay que hacer arriesgadas maniobras para poder subir en medio de esa peligrosa selva urbana donde buses, carros, motos y “ciclas” se disputan los estrechos espacios de las calzadas muy deterioradas (particularmente en el sur más pobre) o en obra. Una buseta como ésta solo tiene una puerta para subir y bajar; no se expende boleto y se regatea con el chofer, el que debe rendir una suma fija por vuelta, el resto es para su cosecha personal. Pero hay busetas más grandes (un poco) que tienen puertas delantera para subir y trasera para bajar. En la primera hay un molinete que oficia las veces de contador del pasaje y su total es lo que tiene que rendir el chofer a su patronal. Son cerca de 66 empresas que afilian los vehículos de varios miles de pequeños propietarios y compiten entre si en muchos tramos de sus recorridos. El pasaje cuesta entre 1350 o 1500, pesos (algo así como 3,20 a 3,80 pesos argentinos) según la hora y el día, pero si se les hace señas con un «billetico» menor, le paran y lo hacen subir por atrás eludiendo el molinete. En esto también funciona la cultura del regateo que los colombianos practican a diario en casi todas sus transacciones.

Otra cosa es el transmilenio; un sistema troncal de transporte que no tiene ningún parentesco con el anteriormente descripto. Es una asociación entre el Estado que pone la infraestructura y la administración y empresas privadas propietarias de los vehículos y del sistema de recaudación, dejando un 3% al Estado bogotano.  Los vehículos son de gran porte, articulados y recorren la ciudad por carriles exclusivos, tienen vías de accesos fijas y cerradas que lo asimilan a los subtes, aunque circulan por la superficie. El pasaje cuesta 1700 pesos y permite combinaciones con distintos ramales. En las horas pico se viaja apiñados (igual que en el subte) y los molinetes se operan con tarjetas que hay que reintegrar  después del ultimo viaje pagado. En 1998 a partir del colapso del sistema, se puso en marcha el proyecto del Sistema de Transporte para el Tercer Milenio (Transmilenio) y para el 2000 se inauguraron las dos primeras lineas. En él viajan actualmente, en forma diaria, 1.800.000 bogotanos  aproximadamente. Por estos días el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro hizo unos anuncios, coincidiendo con la renovación de su flamante gabinete, sobre un cambio sustancial en el sistema, integrándolo con la filosofía y la modalidad del transmilenio. La opinión del bogotano común es que va a fracasar si se pretende regularlo a ese extremo, con paradores fijos y sin la posibilidad de regatear. También renovó la promesa de comenzar las obras del metro, un tren que aprovechará los tendidos férreos existentes y atravesará Bogotá uniéndola con otros municipios vecinos. Las otras posibilidades de moverse en esta ciudad son los taxis con tarifa regulada pero sin tope en su número – Bogotá tiene una flota superior a la ciudad de Nueva York-  lo que hace que  haya una sobre oferta y que salgan a una verdadera cacería del pasajero quien también tiene, por supuesto, la posibilidad de regateo. El transito es caótico a pesar de que rige la restricción para la circulación de particulares según la numeración de su placa (pico y placa), lo que conspira para una mayor eficacia del sistema de transporte publico. Con el fomento del uso de la bicicleta se agilizó la movilidad urbanas a través de los 300 km de ciclorrutas, lo que constituye la red mas extensa de Latinoamérica.  Similar efecto produce la enorme cantidad de motocicletas, aunque  son protagonistas de numerosos accidentes y  aportan lo suyo para engrosar la espesa capa de smog de la ciudad. Luces y sombras de la movilidad  de una mega ciudad que exige estar ideando en forma permanente como resolver esos problemas que a medida en que crece su población y la cantidad de vehículos, también se hacen mas grandes y difíciles de resolver. No hay nada que los cordobeses podamos copiar para mejor. Si avanza la concreción del proyecto del subte, tendremos un transporte masivo troncal que va a descongestionar fuertemente el transito y si se sostiene la empresa estatal y se la hace eficiente poniendo el centro en el derecho de todo ciudadano a trasladarse y en la importancia del sistema en la actividad económica de la ciudad, podemos llegar a tener un transporte público de avanzada en Latinoamérica. La clave, a diferencia de Bogotá está en que el servicio de transporte no puede ser un negocio.

Alberto Hernández

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La salud en colombia: una mercancía más

En estos días el sistema de salud colombiano ocupa buena parte de los minutos y las lineas de todos los medios de comunicación. Se hacen programas especiales donde los ciudadanos hacen llegar quejas de todos colores sobre las deficiencias en la atención, las colas para obtener turnos, las llamadas telefónicas que no son respondidas o nunca dan con un ser humano y al final se interrumpen, etc. El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, anunció en estos días la designación de una veintena de gerentes para otros tantos hospitales con la consigna de “terminar con la corrupción, producto de la politiquería, los gastos desmedidos, las designaciones clientelares de personal y empezar a sentar las bases de un sistema preventivo de salud”. Han empezado a salir a luz algunas deudas millonarias que las administraciones anteriores han dejado en los hospitales, la carencia de profesionales médicos, la falta de mantenimiento de los equipos, el exceso de personal administrativo y casos de negligencia o mala praxis.

Cuando el mercado manda

Colombia tiene una economía de mercado, abierta y casi totalmente desregulada o sin controles, donde todo se compra y se vende, se negocia y se regatea. Cada uno se salva como puede, impera la ley del mas fuerte o el más rico. Solo el 4 % de los trabajadores están sindicalizados y menos que eso son los que están bajo convenio colectivos de trabajo. El mercado manda y también en la salud a pesar de la legislación aprobada en el año 1993 y las reformas de los años 2007 y 2011 que apuntan a dar cobertura a toda la población con distintas condiciones según sea el estrato social al que pertenezca. El sistema combina e integra el hospital público con los oferentes privados y el conjunto se sostiene con fuertes partidas de subsidios y el aporte personal o la facturación de los pacientes. La puerta de entrada son las EPS (Entidades Prestadoras de Salud), que son empresas privadas que compiten entre si y a las que los colombianos deben afiliarse pagando una cuota y abonando sus servicios; éstas deben cumplir con las prestaciones a las que la obliga el Plan Obligatorio de Salud (POS) y si corresponde hacen las derivaciones a las IPS (Instituciones Prestadoras de Salud), de mayor complejidad, que pueden ser públicas o privadas.

En las IPS se cobran a buen precio las consultas y los estudios lo que no es garantía de celeridad y eficacia. La burocracia y la ineficiencia ponen a prueba la paciencia de los Bogotanos. Los medicamentos y los servicios se brindan en forma gratuita o abonando un porcentaje según el estrato social en que se encuentre el paciente y si es contributivo, subsidiado o vinculado (depende de su capacidad contributiva). Claro que aquellos sectores de altos ingresos, recurren al sector privado sin tener que soportar los padecimientos del resto de la población.

La realidad bastante lejos de las intenciones

La ultimas leyes dejaron plasmada la voluntad de darle forma a un sistema de “calidad, incluyente, equitativo y universal” pero la realidad dista mucho de eso y es resistente a cambiar. Las EPS, bajo la lógica de maximizar las ganancias, no cumplen con todas las prestaciones a las que están obligadas y las cargan con derivaciones al sector público que a su vez está cruzado por la corrupción, por lo que los fondos públicos que se destinan al sistema van a parar en buena medida a un agujero negro.

Acompañé a G.D. en todo su peregrinar para atender sus pulmones, debilitados por una bronquitis persistente. Ya llevaba dos semanas tratándose con unos inhaladores recetados por el médico de su EPS. Cuando fue por primera vez por esta dolencia en una emergencia respiratoria que requería atención inmediata, “ el médico que debía atenderme – cuenta G.D.- se negó a hacerlo porque tenía la agenda completa y me indicó que sacara una cita que me daban para unos quince días después”. Pero en esa situación no se podía esperar así que siguió insistiendo hasta que encontró otro clínico de buena voluntad que la atendió. Y esa es otra de las habilidades que debe desarrollar un bogotano para sobrevivir en esta selva: la picardía para sortear las reglas. Transcurridos esos días sin que mejorara de su bronquitis, con una tos persistente y dificultades para respirar, la paciente volvió a la EPS, donde el médico le indicó unos estudios y una radiografía de tórax. Con las indicaciones se dirigió a la ventanilla de facturación, allí pago 34000 pesos (hay que dividir por 400 para expresarlos en pesos argentinos) por la radiografía y otro tanto por los demás estudios y la derivaron al Hospital del Guavio en la zona suroriental de la ciudad donde supuestamente la iban a atender inmediatamente. Anoticiados de que el equipo de rayos del hospital estaba fuera de servicio, le indicaron que debía ir al Hospital de la Victoria, más al sur. Hacia allí fue, en ayunas, luego de abonar un taxi. Ya en el puesto de ingreso del hospital, donde ya tenia historia clínica, le explicaron que no podían hacerle la placa porque debía ser indicada por un profesional de ese centro asistencial y que podían darle un turno para el especialista para dentro de 15 o 20 días y luego otro para sacarse la placa. No sirvieron los argumentos de la urgencia del caso ni el hecho de que haya sido derivada por la EPS con la certeza de la atención inmediata.

 La feria de las clínicas privadas

 Como se veía que este trámite iba para largo, G.D. Decidió recurrir al sector privado. Llegamos a la zona de “clínicas” – toda actividad económica se agrupa por zonas: la de las ferreterías, de las tiendas, de las imprentas, de los celulares, de la informática, de los talleres mecánicos etc.- donde la realidad golpea a quien no está prevenido y está imbuido de la cultura del derecho a la salud, de las obras sociales y la salud publica gratuita y universal. Mas que clínicas eran “boliches” de salud. En lugares reducidos funcionaban con un escritorio y un par de divisorios que hacían las veces de consultorios. Los había más grandes y mejor equipados, pero también los que cabían en lugares reducidos. En la calle, empleados de esos centros ofrecían atenciones a precios diversos.

– A la orden señora ¿que necesita? – la abordó uno de ellos

– una radiografía de tórax – le contestó G.D.

– Venga conmigo que se la hacemos por 30 (mil)

Estuvimos recorriendo esos negocios de salud y los precios variaban desde 20.000 hasta 45.000; finalmente optó por el más barato y que le entregaba el informe en el acto.

 Y otra vez a peregrinar por los hospitales

 Con la radiografía en la mano y habiendo pagado menos que en el hospital público volvimos al médico, con el consiguiente gasto en transporte (que merece un articulo aparte, por lo caro y caótico). Ya se había retirado así que hubo que volver al día siguiente. Cuando vio la placa, le dijo que no tenia nada y que se hiciera los estudios; que neumonía no era porque si no ya se hubiera muerto y que se le iba a pasar, que se quedara tranquila. Para los estudios fuimos, unos cuantos días después, luego de varias llamadas telefónicas para averiguar donde quedaba y sacar turno, al Hospital del Guavio que le correspondía por la zona. Una vez allí verificó que el aparato de rayos si había estado en funcionamiento y que podía haberse hecho la placa. Se hizo los estudios y se sacó una nueva radiografía, ya que la había pagado y no le iban a reintegrar el dinero. Aun no se la entregaron porque debe informarla el neumólogo. Nuevamente debimos ir al Guavio por los resultados de los análisis. Como casi todo aquí, el régimen de seguridad en los hospitales es riguroso y no dejan entrar a nadie que no tenga que hacer en él, así que debí quedarme afuera. Aproveché la circunstancia para conversar un par de horas con Miguel, que se las rebusca, como muchísimos bogotanos, vendiendo unas arepas riquísimas en la calle frente a su casa vecina del hospital, pero esta es otra historia.

Volvimos uno o dos días después al clínico y con los resultados en la mano la derivó al neumólogo. Allí empezó otra odisea, ya que al parecer hay déficit de estos profesionales en los hospitales públicos. Finalmente la derivaron para el Hospital de Santa Clara, también en la zona sur y a unas veinte cuadras del domicilio de nuestra paciente. Para sacar el turno se comunicó telefónicamente al turnero, tal como indican las instrucciones oficiales y después de varias respuestas tipo: si quiere un turno para clínica, marque uno, si quiere para…..marque 2 y así, logró comunicarse con un ser humano que le dijo que se llegara por el hospital a eso de las 3 o 4 de la mañana que daban turnos limitados y que iba mucha gente. G.D. se fue a esa hora (en taxi, porque no circulaban los colectivos) y se encontró con una cola de unas 150 personas, muchas de las cuales estaban desde la noche anterior, durmiendo en el piso, arrumbados y cubiertos con mantas. Consiguió un turno para las primeras horas de la tarde y pagó 100.000 pesos de facturación por la consulta (el 30% del total porque es subsidiada), no sin antes perder un par de horas por errores del personal administrativo en el procedimiento correspondiente . Fuimos caminando y de esa forma logramos reducir el acumulado de transporte que ya llevábamos. Esta vez mediante un ardid logré entrar con ella y nos dirigimos al neumólogo, quien nos atendió inmediatamente. El profesional le indicó que continuara con los inhaladores y le pidió una espirometría (con la misma placa que ya había visto el otro médico) porque observó lesiones en sus pulmones. Como los estudios debía hacérselos en la misma institución, fuimos al laboratorio de neumología; allí dos personas que aparentaban ser profesionales del área y que estaban sin hacer nada nos dijeron que tenían la agenda completa y que debía sacar un turno. Fuimos a donde nos indicaron y allí la empleada nos explicó que cada quince días se armaba la agenda, que había que comunicarse telefónicamente en ese plazo para ver cuando le iban a dar cita. No había urgencia que valga. Antes de retirarnos GD tuvo la suerte de encontrarse con una gentil empleada que fuera de su lugar de trabajo estaba de visita en otra sección y que casualmente era del laboratorio quien le informó que no era cierto que la agenda estuviera cerrada y que cuando volviera la viera a ella obviando la cola. Por supuesto que deberá pagar la facturación correspondiente. Así está GD, esperando todavía para saber que tiene, con tos, respirando mal, cuidándose de no enfriarse por el clima cambiante de Bogotá, desde hace más de un mes.

 Al final tan mal no estamos en Argentina

 No he pretendido hacer un examen exhaustivo del sistema pero esta fue mi experiencia y me dejó pensando que si esto es en Bogotá, lo que debe ser el interior, sobre todo en zonas donde la pobreza llega al 80 o 90 % de la población.

Menos mal que soy un tipo sano. Cruzo los dedos para no tener que recurrir a ningún centro de salud colombiano o que en ese caso el seguro de salud que contrate por 500 dolares me cubra la atención en centros privados, donde se atienden los ricos, que seguramente funcionaran mejor que lo que he visto y experimentado. Aunque lo mejor es que cualquier dolencia que me acogiera pudiera esperar hasta que llegue a la Argentina. Viendo esto, uno que se ha cansado de despotricar contra el sistema de salud en nuestro país, se da cuenta de que tan mal no estamos y que es fundamental seguir luchando por afirmar la idea de la salud como un derecho y no como una mercancía.

Alberto Hernández

Bogotá 31-05-2012

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Hoy estoy irritado. En realidad hace un tiempo que lo estoy y bastante. Me irritan un poco los pseudos revolucionarios que hacen infantilismo de izquierda, repitiendo hasta el cansancio consignas que ya dejaron atrás la fecha de vencimiento y fundamentalmente estériles.

Me irritan mucho más los progres que hacen oposición cerrada al gobierno nacional y solo se dedican a criticar (cosas criticables que las hay y otras por puro oportunismo) sin considerar la formidable transformación que operó en el país cambiando definitivamente de signo y circunstancias la suerte de las luchas populares, que hoy se dan para ir por más y no para defender lo poco que nos dejaban las políticas neoliberales, impuestas a sangre y fuego; que no consideran las correlaciones de fuerzas y la condición necesaria de producir los cambios culturales y del propio sentido común de la sociedad (que sigue estando en disputa) para poder proponerse metas más ambiciosas. Y estoy mas irritados con ellos porque coincidimos en la visión de país y de sociedad que queremos y podríamos estar luchando juntos – y estamos enfrentados – para empujar esta puerta enorme que entreabrió el kirchnerismo para que no solo no se cierre sino que permita la entrada de todos nuestros sueños (que nadie nos va a regalar, ni siquiera este gobierno).

Dejo afuera de mi irritación a los trogloditas y añoradores de la Argentina conservadora, que los hay de todo pelaje: fachos, neoliberales, clericales, democratistas (no, demócratas) o usufructuadores de los diversos poderes corporativos. Los dejo afuera porque ya se que están del otro lado, no tengo dudas. Hay que vigilarlos, combatirlos, diluir su poder destructivo, su capacidad de influencia, impedir que se rearmen para volver a imponer condiciones. Dentro de estos los más peligrosos son los que se disfrazan y que dentro del movimiento popular esperan su oportunidad para dar el zarpazo, y los tenemos al lado nuestro. Hay que saber detectarlos y cuidarse de ellos.

Pero la verdad que los que mas me irritan, me ponen de la nuca, son los kirchneristas bobos, los “sicristinistas”, los que hacen saludo uno, saludo dos, ordene y obedezco, lo que justifican todo con los mismos clichés y descalificaciones que la pseudo izquierda precámbrica y no son capaces de entender que este es un modelo en construcción, que vivimos una etapa de transición “hacia”, que no hemos llegado a ningún lado. Y que por mas voluntad y claridad política que tenga este gobierno, hay barreras, hay limites, hay objetivos que solo se consiguen y se superan con lucha, con el protagonismo de los distintos sectores de la sociedad reclamando lo que por derecho creemos que corresponde. Y disputando en el terreno ideológico y político, debatiendo, denunciando a los traidores, y criticando para avanzar no para destruir.

Siendo lo mejor que nos ha pasado desde los 70 para acá, no han sido infalibles ni impolutos Néstor y Cristina, ni lo será ninguno. La complacencia, la obsecuencia, el seguidismo (la lealtad es otra cosa) es la necrosis de uno de los procesos mas vivos y ricos de la historia argentina y latinoamericana que nos está tocando en suerte vivir.

Alberto Hernández

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Mestre Jr, un peligro para la ciudad porque no tiene ni idea

En estos días la ciudad de Córdoba se vio inundada por afiches del candidato radical a la intendencia que dice que hace falta “orden” y “firmeza” que supuestamente las va a imponer él. ¿A qué se referirá?. Esas palabras suenan feo; a milicos, a ajuste y mano dura, propias de otras épocas que quedaron atrás. ¿Pensará resolver de esa forma la situación caótica de la administración? ¿Con el latigo en la mano? Tal vez pretenda emular el orden que quiso imponer papá Mestre, que enfrentó a los municipales con rudeza y tuvo cinco años de duros conflictos que solo terminaron cuando sus aspiraciones a ser gobernador le aconsejaron arreglar con el gremio y aceptar sus pretensiones salariales. La ciudad padeció su testarudez en esos años. O tal vez cuando impuso orden con represión en la crisis de diciembre de 2001, con el saldo de 39 hijos del pueblo muertos. Puede ser que se refiera al orden administrativo que impuso a rajatabla papá cuando fue gobernador, recortando los servicios educativos y de salud y congelando los salarios de los trabajadores públicos. Damos por sentado que Junior se refiere a poner en “orden” con “firmeza” la administración pública municipal y, por declaraciones recientes, violando el derecho a la estabilidad de los trabajadores.
Está claro que el candidato radical a la intendencia adscribe,  como todo su partido en la actualidad, a una concepción neoliberal, privatista, y eficientista y se monta sobre la animadversión imperante hacia los empleados públicos y en especial a los municipales, para hacer campaña edulcorando los oídos de los cordobeses presentándose como el  que los va a disciplinar.
Es probable que de esa forma consiga algunos votos, pero lo que no va a conseguir, si ganara la elección, para decepción de sus votantes y el padecimiento de todos, es hacer funcionar el aparato administrativo devenido en máquina de impedir. Para eso hace falta una estrategia de reformulación del Estado Municipal pensando en una Córdoba para los próximos veinte años. que debe implicar un cambio de paradigma organizacional basado en la calidad de los servicios y en un cambio cultural. Para eso hay que saber. Hay que tener proyecto político de largo aliento y se debe involucrar a los vecinos y al personal en esos proyectos. Sin estas condiciones se va al fracaso. Con el látigo solo se cosecha conflictos y boicot. Y sería de esperar que si se opone a la efectivización de los contratados de la actual gestión que, al menos, se comprometiera a no tomar ni un empleado más en esas condiciones. Difícil que lo haga porque, seguramente, como casi todos los demás candidatos ya tienen compromisos asumidos con sus militantes para darles trabajo en la Municipalidad, reiterando una conducta que no tiene sanción: la violación sistemática de la Carta Orgánica Municipal y demás ordenanzas que rigen la relación laboral y el funcionamiento administrativo de la comuna.
Alberto Hernández
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Cocheras en el centro de Córdoba: los desarrolladores urbanos mandan en la ciudad

La aprobación por parte del Concejo Deliberante de la rehabilitación para construir cocheras en el centro, es una barbaridad; no solo por la posibilidad de afectar el patrimonio histórico sino por el impacto ambiental que resultará de una mayor circulación de vehículos por el casco céntrico. Cuando todo indica – informes de la UNC mediante – que hay que desalentar el ingreso de vehículos particulares, esta administración municipal los alienta. Es evidente que se trata de posibilitar los negocios de los desarrolladores urbanos – en este caso de EDISUR y Miterra – que están haciendo fabulosos negocios con la ciudad y la tierra urbana y son los verdaderos planificadores y el verdadero poder desde hace más de una década. Esta gestión les dio via libre y accedió a todas sus demandas y ahora lo hacen los concejales, aun los del juecismo que dando una voltereta borra con el codo lo que escribimos con la mano en 2004. Como estos inversores urbanos son insaciables y solo ven negocios en sus millonarias intervenciones en la ciudad, y es práctica habitual en muchos de ellos, la compra de los funcionarios necesarios para dar vía libre a sus proyectos, no seria nada raro que en este caso también hubieran procedido así. Al menos los funcionarios y los concejales dan pie para sospechar eso o que no les interesa la calidad de vida de los ciudadanos. O son imbéciles. Hay que dejar a salvo de estos conceptos a los concejales del Frente Progresista y a la Concejal Pagnanini de Peronismo Militante que tuvieron una postura clara y digna.
Como dijo la ex Secretaria de Desarrollo Urbano Municipal, Arq. Rosa Harari, en una nota publicada el dia de ayer en La Voz del Interior, son decisiones que habrá que lamentar en el futuro.

Alberto Hernández

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Reuniones con vecinos:San Ignacio y Ampliación Residencial América

Con los vecinos en Barrio Ampl. Resid. América

Reunion con los vecinos de San Ignacio con las bibicletas en primer plano

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Con la autorización de más cocheras en el centro se sigue gobernando para los desarrolladores urbanos

El crecimiento del parque automotor de un 70 % en los últimos diez años es el principal causante de la contaminación ambiental en Córdoba, tal como lo indica el último informe de la Universidad de Córdoba sobre la calidad del aire que respiramos. En dicho informe se indica que la calidad del aire es mala y empeoró respecto del 2008 en numerosos puntos de la ciudad, por eso recomienda – tal como venimos pregonando nosotros- restricciones al ingreso de vehículos particulares al centro y el fomento del uso de la bicicleta y la peatonalización. Si el Concejo Deliberante aprueba la ordenanza que autoriza mas cocheras en el centro, prohibidas por norma que aprobáramos en el 2004, está fomentando la contaminación y el estado caótico del tránsito, que además por vía del estrés es causante de otros problemas de salud de la población. Todo esto sin considerar el perjuicio irreversible que se puede causar al patrimonio histórico Cordobés y sobre el cual ya se han expresado la UNC y otras entidades.

Sin dudas que las razones inmediatas para aprobar este engendro es destrabar la construcción del proyecto inmobiliario en la manzana del Banco de Córdoba y favorecer los negocios de Edisur y otros. Se sigue de esta forma diseñando la ciudad en la que vivimos todos, al ritmo de los negocios de los desarrolladores urbanos, que desde hace cuatro años a esta parte tienen vía libre y que desde hace más de una década son el verdadero poder en Córdoba.

En Córdoba hay que decidir si gobernamos para los dueños del capital o para asegurar el derecho a la ciudad de todos los cordobeses. Son intereses contrapuestos y el Estado debe actuar como equilibrador de la balanza. Seguimos pregonando una Revolución Urbana que trastoque las relaciones de poder de tal forma de permitirnos construir una Córdoba con equidad, sustentable y con protagonismo social.

Alberto Hernández

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Locro de los 500

Finalmente con la asistencia de compañeros, familiares y amigos, celebramos con un superlativo locro, los 500 km recorridos en bicicleta por los barrios de  Córdoba diciendole a los vecinos como vamos a hacer la Revolución Urbana «para que la ciudad sea como ellos quieren».

La concurrencia escucha

Hablando sobre la juventud y el sentido de la militancia, que no es negociar por cuatro monedas sino cambiar el mundo

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500 km en bici y un baño de ciudad

El once de diciembre montamos un sueño en la bici y empezamos a llevarlo por toda la ciudad. Fuimos recorriendo los barrios, mirando cada rincón, respirando sus olores (algunos muy nauseabundos),  conversando con su gente y relevando sus dramas cotidianos. No es lo mismo andar en bici que en auto. La bici nos acerca más, nos pone a la par de las personas. Es un símbolo de la ciudad que queremos: equitativa, sustentable, solidaria, laburante, saludable y feliz; tanto como lo somos los que disfrutamos pedaleando. Es el reclamo de una bici más (o un skate o un roller) un auto menos para poder respirar; pero más que eso es el reclamo de los cientos de miles de cordobeses que reclaman por su Derecho a la Ciudad, por su derecho a ser ciudadanos en «su» ciudad que les es hostil.

Después de esa primera salida, cortita, como para entrar en calor, siguieron veintinueve más que nos llevaron a totalizar, al momento de escribir estas lineas, 516 km y algo mas de 120 barrios recorridos. Desde Guiñazú hasta Villa El Libertador; desde Mauller hasta Villa Rivera Indarte y Cerro Norte; desde Patricios hasta Villa Unión. En el camino comprobamos lo difícil y peligroso que es andar en bici en esta ciudad. Anduvimos de día y de noche, con calor, con frío y hasta con lluvia; también comprobamos la calidez de la gente, que muchos aun en su pobreza y en su descreimiento, quieren decir cosas, quieren hablar de lo que les falta, de lo que no les gusta, y tienen esperanzas. En nuestro recorrido soportamos los líquidos cloacales impregnando el aire de Alberdi, Centro, Güemes, Carola Lorenzini, San Martin, Mauller, Villa El Libertador y varios más. Y la gente aguanta. hace su vida entre esos olores pestilentes, sale a la vereda a tomar mate, nos convidan y nos cuenta. están cansados de reclamar, al final solo sirve cortar una calle, llamar a la prensa, hacer quilombo. Es gravísimo el problemas de las cloacas. Es un problema sanitario de primer orden.

En San Martín, en Barrio Avenida y alguno más que no registramos, las discusiones fueron bravas, sobre los empleados municipales y el gremio. «No te van a dejar gobernar», «hacen lo que quieren», » en la Municipalidad mandan ellos». No los podíamos convencer de que tenemos un plan, y que confiamos en que con los empleados vamos a remodelar la administración y amigarla con los vecinos. En una de esas discusiones uno que miraba le dijo a la fotógrafa: «nena, llamá a la policía que esto se pudre»; o el vecino de Avenida que enojado con los municipales por el estado de la plaza decía: «si pusieran uno de espacios verdes que hiciera un pozo por día, un solo pozo, y después se sentara en un banco el resto de las horas, estaríamos chochos todos los vecinos».

«¿Qué harías vos si fueras intendente?», le dijimos a un gordo que estaba junto a dos compañeros de trabajo en una vereda de Poeta Lugones. Entrecerró los ojos como para escudriñar con más precisión sus más íntimos deseos y con énfasis contesto: «¡me haria un asadazo de aquéllos!». A no dudarlo que lo vamos a hacer si ganamos; y si no también ( y durante).

Estuvimos con skaters y bikers en la deteriorada pista de skate del Parque de las Naciones. La única pública en toda la ciudad. Hay 5000 skater en Córdoba y una sola pista pública; por eso se las tienen que rebuscar en el Patio Olmos o el Palacio Municipal. Tendríamos que tener en toda la ciudad. Es una actividad inclusiva, que seduce a los jóvenes, que modifica sus hábitos, es salud física y mental (y los querían sancionar con arresto por andar en las calles). También reclaman su lugar los ciclistas, con los que también anduvimos, en las bicicleteadas nocturnas de los primeros sábados de cada mes, reclamando su derecho (nuestro) a trasladarse en bici, en forma segura.

La ciudad esta mal, abandonada en muchos aspectos y lugares. Los problemas de inundación en muchos barrios como Guiñazú, Villa El Libertador y otros; de calles rotas (hay barrios donde parecen circuitos de mountain bike y más si son de tierra); las quejas sobre la falta de alumbrado y el deterioro y descuido de los espacios verdes (el tema de la seguridad); los ocupas y el problema de la vivienda; el tránsito ( y la posibilidad de andar en bici; una bici más un auto menos) la falta de semáforos y su falta de mantenimiento; algunos reclamos sobre los dispensarios y sobre el sistema de transporte ( no tantos); los cartoneros que reclaman su inclusión en el sistema de tratamiento de los RSU y algunos vecinos por la falta de barrido y ni hablar de los que resisten el enterramiento (sabemos como hacer para que el enterramiento sea cero y se reciclen los RSU secos y húmedos); los remiseros truchos que abundan en los barrios periféricos y que se sostienen porque los legales no quieren entrar en la zonas rojas y los legales que quieren ser taxis. Hay muchos miles de cordobeses que sobreviven como pueden. En los barrios de la periferia, abundan las agencias de quiniela, los quioscos, los emprendimientos familiares y los que viven de changas. ¿ Qué hace la Dirección de Economía Social de la muni?

Con nuestras bicicletas, relevamos el contraste, los claroscuros, las inequidades de esta ciudad que avanza inexorablemente a la fragmentación, el caos (¿se puede concebir que se haya enviado un proyecto al Concejo Deliberante para habilitar nuevas playas de estacionamiento en el centro, cuando lo que hay que hacer es desalentar el ingreso de automóviles particulares?) y la profundización del deterioro de la calidad de vida, si no producimos una verdadera revolución urbana. Esto es, si no trastocamos las relaciones de poder en la ciudad. Vimos el lujo, el exceso de confort de los barrios cerrados y PH con seguridad privada, con todos los servicios. Algunos, verdaderas fortalezas inexpugnables, en medio de barrios que nada tienen. Nos quedó claro cómo es la cosa: los grupos inversores son los dueños del poder y del diseño de la ciudad al ritmo de sus negocios. Son insaciables. En Alberdi, Euromayor construye «La Antigua Cervecería»; mil y pico de departamentos y ochocientas ochenta cocheras; con seguridad privada  y todos los chiches. ¿Por dónde van a salir y entrar esos vehículos? ¿ Sus moradores van a soportar que cada dos semanas los piratas celestes vayan y vengan frente a sus narices? ¿qué van a hacer los viejos habitantes de barrio con sus viviendas que empiezan a duplicar y triplicar su valor para los inversores?. Conversábamos esto con Alvarado, líder de la resistencia de la lucha cervecera en aquella histórica toma y nos contaba que ya se estaban haciendo ofertas tentadoras por sus propiedades para que la cancha emigre, para que la gente emigre. Esas ofertas las hicieron por el club Universitario, por Juniors, por Talleres. Complejos inmobiliarios para la valorización rentística y no para resolver el problema de la vivienda. La lógica del capital contra el Derecho a la Ciudad. Los «desarrolladores» contra la posibilidad de una Córdoba para todos. Ese es el conflicto de intereses fundamental en el que el Estado Municipal debe intervenir retomando su rol planificador y activo para equilibrar las cargas y no actuar solo como favorecedor del clima de negocios de estos grupos, y menos como socio.

Han sido hasta aquí (y todavía falta) cuatro meses de rodar por las calles de Córdoba, aprehendiendo la ciudad, nutriendo las estadísticas, los diagnósticos y los análisis sesudos de la vida concreta de los cordobeses y de sus luchas cotidianas. No hay nada que nos haya dado tantos elementos, para saber qué hacer desde el gobierno municipal, como subirnos a la bici e ir a tomar mate con los cordobeses.

Alberto Hernández

21/04/2011

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