Todos llaman a la unidad. Sumar, juntarse, coordinar, detrás de los objetivos que la justifican. Macri repite un estribillo que viene desde la campaña: “A este pais lo sacamos adelante todos juntos” “si trabajamos juntos y unidos, t

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odos los problemas tienen solución” “..es como hacer una empanada”. All togehter now debiera decir, ya que es un idioma que le calza mejor, y que los Beatles nos perdonen.¿Viste?

¿Para qué llama a la unidad de los argentinos? Para que aceptemos, desde ya que no sus amigos, los dueños de la plata, como buenos ciudadanos, el ajuste y consiguiente sacrificio que “inexorablemente” había que hacer para salir del país de la fantasía del Kirchnerismo y poner proa hacia el país de la felicidad.

Los popes sindicales llaman a la unidad del sindicalismo -que no es lo mismo que la unidad del movimiento obrero- para sentarse a negociar con un gobierno que no negocia con nadie que no acepte subordinarse. Desde que asumió, avanzó dictatorialmente contra los derechos populares produciendo la más formidable transferencia de ingresos hacia los dueños del capital desde los 90 a esta parte. Juan Carlos Schmid, uno de los tres secretarios generales de la CGT “unificada”, (ma non troppo, ya que han quedado varios gremios afuera y tiene una fuerte oposición adentro por parte de la Corriente Federal de Trabajadores que está reclamando medidas contundentes) dijo en estos días “Siempre hemos manifestado que no se ha descartado esa

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metodología (la del paro). El Consejo Directivo ha convocado al Comité Central Confederal para el día 23 de septiembre y para esa fecha, seguramente, va a haber una evaluación más precisa de todo este momento que estamos atravesando y allí se van a decidir cursos de acción”. Sería increíble, si no fuera evidente que es consecuencia de un alto nivel especulativo, que todavía no tengan precisión sobre lo que implica este proyecto que se está desplegando desde el poder y mucho menos que no tomen nota de las reacciones populares ante los tarifazos, los despidos y la caída del poder adquisitivo y el consumo. Participacionismo se llamaba en una época a esta conducta de dirigentes que confían más en los réditos del pasilleo y el cafeteo con los funcionarios, que en la lucha. Rescatan la actitud “dialoguista” del Ministro Triaca. El mismo que afirma, a coro con todo el gobierno, que no hay motivos para reabrir paritarias porque “la inflación va a la baja” lo que implica aceptar el nuevo estatus del salario devaluado. “Vamos a discutir con la CGT el programa de empleo joven”– dice- y todos sabemos que es, al igual que el programa Primer Paso en Córdoba, el de los jefes y jefas de hogar (¿se acuerdan?), el de las pasantías, y varios más, una forma de flexibilización laboral. De no ponerse al frente de la lucha, esa unidad es la de la claudicación y la derrota de los trabajadores.

Derrotado el Kirchnerismo en las urnas, se empezó a hablar de la necesaria unidad del Peronismo. El movimiento Evita, fue una de las agrupaciones que con más énfasis lo planteó como condición para derrotar al Macrismo en el terreno electoral. Con esa consigna rompieron con el núcleo duro del Kirchnerismo, al igual que muchos otros a los que ya se les veía el puñal debajo del poncho desde hacía tiempo. El “Chino” Navarro, actuando bíblicamente, antes de que cantara el gallo negó a Cristina, siendo que ésta ejerce, reconocida por propios y extraños y guste o no guste, el único liderazgo del peronismo que no necesita de estructuras ni operaciones mediáticas. ¿Cual es el destino de esa unidad? ¿Puede el peronismo – o mejor el PJ- sin el Kirchnerismo, su expresión más transformadora, convertirse en una alternativa electoral “exitosa”, como le gusta decir a Urtubey, para ganarle una elección a Macri y retomar el camino de la última década?. Lo que hoy por hoy asoma en esa unidad, que al igual que la del sindicalismo, deja una muy buena porción afuera, es la de la consolidación de un partido del sistema que aspira a convertirse en un instrumento de negociación de la distribución del ingreso con los sectores privilegiados de la economía, pero sin proponerse afectar las relaciones estructurales de poder. Desde el punto de vista electoral, no hay dudas de que nadie en el PJ piensa que se puede ganar una elección sin aliarse con otros partidos y con una amplia alianza de clases, lo que indica, por otra parte, la tradición y experiencia peronista. La pregunta es si puede, un PJ conservador, que intenta deskirchnerizar el peronismo, que niega a Cristina, que concilia con el gobierno en aras de una racionalidad política que aconseja cerrar la “grieta” que se abrió en la última década, ser capaz de expresar el sentido común construido en ese tiempo y convocar a los importantes sectores del pueblo que lo incorporaron. La unidad del peronismo es por otra parte una entelequia. A lo largo de su historia, el movimiento creado por Juan Perón, solo puede exhibir tres oportunidades en las que fue unido, integrando todas las alas: en 1973, en 1983 y 1989. La primera fue una breve experiencia y terminó con un baño de sangre; con una derrota electoral de la mano del Vandorismo en la segunda y con la instauración del más audaz experimento neoliberal de las clases dominantes durante el Menemismo. Fuera de eso el peronismo fue campo de batalla, muchas veces trágico, de la confrontación entre los polos ideológicos que lo componen y casi siempre tuvo diversas expresiones electorales. ¿Porqué habría de ser diferente en este momento y quien puede afirmar que la unidad es garantía de un triunfo electoral contra el macrismo?

Diversos sectores del amplio universo de fracciones del Kirchnerismo, unos a ultranza, otros críticos, otros que lo reivindican pero que entienden que hay que ir por algo nuevo, peronistas y no peronistas, están también llamando a la unidad, algo que evidencian los varios plenarios y encuentros que se han realizado y se anuncian para estos días en Córdoba y otros lugares del país.

Igualmente Yasky, en su formidable discurso al cierre de la multitudinaria marcha federal, puso énfasis en la unidad. Dijo que: “sin ella no hubiera sido posible esta marcha que marca un momento nuevo por la unidad con las organizaciones sociales, el movimiento estudiantil, los organismos de derechos humanos, la unidad con los pequeños productores, de las APYME, la unidad con los pequeños productores del agro, de la agricultura familiar, la unidad con los trabajadores informales, las empresas recuperadas (…) unidad con las organizaciones de izquierda, los cooperativizados, esa unidad es el mapa del campo popular, que el neoliberalismo, quiere dividido, quiere roto, que cada pedacito no encastre con el otro, si logran dividirnos podrán dominarnos, si construimos la unidad con la convicción de que es para la lucha por la liberación , por la emancipación social, por la justicia social, si a esa unidad la construimos somos invencibles”

La masividad de la marcha federal sorprendió a propios y extraños y está expresando que no va a haber complacencia con los ajustes y la pérdida de derechos y que más allá de los dirigentes, importantes franjas del pueblo están decididas a luchar.

Nadie puede afirmar como decantará en términos políticos todo lo que se expresó en esa movilización y que reconoce puntos de unidad social y políticos altos, lo cierto es que no va a ser un dato que se pueda ignorar cuando se empiecen a perfilar las distintas alternativas electorales y sobre todo en el amplio, heterogéneo y conflictivo territorio peronista.

Por ahora el único dato cierto y contundente es que la unidad más genuina se está construyendo en la calle y por ahí hay que avanzar.

Alberto Hernández

Publicado en La Idea de Cruz del Eje -Septiembre 2016

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Hebe agitó el bad

Macri para la mano
ajo y resonó el primer campanazo. Tenía que ser ella, la que nunca bajó los brazos, que no tiene miedo porque se construyó en el miedo como paradigma de rebelión, que subvierte, que provoca, que no naufraga en las aguas pastosas de los términos medios, la que fractura con un mazazo la sociedad entre legalidad y legitimidad, la que desnuda la hipocresía de los acólitos de la institucionalidad y la democracia que es propiedad de las clases dominantes y que es capaz de convocarnos con una consigna: “Macri pará la mano”.

Es hora de rebelión. El pueblo tiene derecho a la rebelión. Y no solo los que apoyamos en estos doce años al Kirchnerismo, también los que votaron a este gobierno porque fueron estafados.

La ofensiva lanzada contra el pueblo con argumentos que no resisten la menor discusión, que no pueden esconder su impronta de clase y su desprecio por la inteligencia y la vida de los argentinos, nos da ese derecho.

La pusilanimidad, la tibieza y la especulación personal, política o corporativa, las apelaciones a la gobernabilidad como excusa, no tienen cabida en esta hora donde se juegan tantas cosas. Desde el poder, desde los medios dijeron: “esta señora no respeta la institucionalidad”, también desde algunos bienintencionados referentes populares que dicen respetarla, pero que no entienden lo que está en juego, se escuchó en estos días: “…pero tendría que haber comparecido ante el juez”. Y uno se pregunta: ¿De que instituciones estamos hablando? ¿La justicia que

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Hemos iniciado un segundo semestre, que lejos de mostrar una recuperación de los niveles de vida de los argentinos, muestra un estado de descomposición en todos los terrenos de la vida nacional. Y si algo faltaba para enrarecer y recalentar el clima social renuncia Martino a la Selección. Messi es condenado a prisión en suspenso por evasión de impuestos y ya había dicho que se va, lo seguirían

leo-messi-jugador-del-barcelona-acudiendo-declarar-los-juzgados-1467801009340 Agüero, Mascherano y varios más; habrá que ver cómo nos clasificamos para Rusia. Ningún club quiere ceder jugadores para las olimpíadas y de no ser por Olarticoechea, estuvimos a puntos de hacer el bochornoso papel de no presentar delegación en el deporte donde mejor nos va. Martino no tiene a quien reclamarle por esto ni por su sueldo. La AFA es un quilombo. No existe. ¿Macri lo hizo? No se podría decir, pero está en sintonía con lo que el gobierno nacional está haciendo contra todo lo que es de interés popular, y el futbol lo es.

En estos días, después del vergonzoso y teñido de oficialista argumento del Juez Bustos Fierro para rechazar el amparo de los damnificados por los abusivos y expropiatorios aumentos del gas, por fin la cámara federal de Córdoba a puesto, provisoriamente, un poco de sensatez y sensibilidad social al hacer lugar a los amparos. Es de esperar que este criterio se extienda a todo el país. Pero estos pronunciamientos son el colofón de los reclamos y movilizaciones en contra de las decisiones del “bisoño y experimentador” Ministro de

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Lamenta

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blemente el título no tiene nada que ver con el bolero. En estos meses, no pocos actores de la vida pública argentina, han expresado oralmente o por escrito frases aparentemente, para el común de los receptores, sensatas, correctas, lógicas, pero que al sacarles la costra que las cubre, muestran su carácter antipopular, cínico y ladino.

Podemos empezar con el presidente. Dijo al vetar la ley antidespidos: “Seguimos en un debate (…) en el cual, aquellos que nos gobernaron hasta hace poco, piensan que como modelo de nuestra economía, como modelo de nuestras vidas, tiene que haber un Estado que nos someta a todos. Porque ellos creen que los argentinos no podemos vivir en libertad”. Para los apologistas y beneficiarios del capitalismo, la libertad a la que aluden es la libertad de comercio, de comprar y vender, entre ellos la fuerza de trabajo, de acuerdo a las leyes del mercado. El mejor escenario, sería aquel donde no existieran las paritarias, los salarios mínimos, los convenios colectivos y mejor ni los sindicatos. Es sabido que en el capitalismo, en general el trabajador solo tiene la posibilidad de aceptar el trabajo y el salario que se le ofrece, que si no fuera por la legislación laboral argentina y la capacidad de lucha de las organizaciones obreras, seria de la mas baja calidad. En realidad al pronunciarse en contra de la ley antidespidos, está abogando por la libertad de los patrones de echar cuando quieran y con los menores costos posibles. Esto que dijo Macri, responde a sus

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El amplio Passeig de Joan de Borbó, bañado por un tímido sol que pretendía anunciar la inminente llegada de la primavera, se pobló repentinamente de miles, miles pero miles, de almas que exigían solidaridad de Europa con la marea de inmigrantes que hoy se agolpan en sus playas, fronteras

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y burocráticas oficinas. Barcelona Babel, Barcelona Republicana, Barcelona solidaria marchaba y exigía sus gargantas gritando en favor de los refugiados, en contra del racismo, por la igualdad de derechos de los seres humanos sean de la raza, religión, condición sexual o social que fueran. Negros, blancos, mestizos, asiáticos, hombres, mujeres, niños, ancianos, discapacitados, todos sin distingos, todos seres humanos, todos codo a codo, con la alegría de saberse juntos y de ser muchos, y con la bronca por la urgencia y justicia del reclamo, marchaban a paso firme por esa calle de la balnearia Barceloneta. Y yo en el medio, sorprendido porque en un principio pensé, viendo la manifestación desde lejos, que era un anticipo de Semana Santa. Mi instinto me llevó a mezclarme y mirar cada cartel, cada rostro, cada actitud. Pocos cartelones de grupos organizados: los convocantes de la Comisión Catalana de Ayuda a los refugiados, una agrupación ambientalista, otras de solidaridad, algunas políticas, los infaltables independentistas y poco mas. La mayoría eran voluntades individuales con sus propias consignas y reclamos: “No al racismo”, “Europa Vergüenza”, “Por una república
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La unidad posible y necesaria para volver

El legislador Ricardo Vissani saltó del Bloque de Córdoba Podemos al de Unión por Córdoba y desató una andanada de críticas, condenas y maldiciones de casi todo el arco del Kirchnerismo cordobés. Y no es para menos porque no está bien hacer eso sin por lo menos consultar o sondear lo que opinan los que depositaron su confianza en él para cumplir un rol de oposición. No procede tampoco hacer un carnicería o condenarlo a la hoguera en nombre de un Kirchnerismo que no tiene existencia orgánica en Córdoba. Por empezar se alejó del bloque Córdoba Podemos, que es la resultante de un armado electoral sui generis que lideró, el hoy en la picota, Eduardo Acastello, quien inmediatamente lo dejó navegando al garete. No es comparable al bloque del FPV a nivel nacional ni este suceso con la deserción del grupo de diputados para formar el bloque del PJ. El armado político y las fidelidades de sus dirigentes a alguna orgánica requiere reconocer la complejidad de la situación política de Córdoba y la necesidad de que los distintos espacios hagan un proceso de autocrítica ya que la última expresión electoral del FPV fue lastimosa. A partir de esa realidad y del nuevo contexto nacional es necesario barajar y dar de nuevo, abrir paso a la humildad, al reconocimiento de errores y no expulsar a nadie a no ser que se pase ostensiblemente al campo del enemigo, esto es avalar políticas e impulsar acciones que vayan en contra de los intereses populares, de la soberanía

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“Yo no miento”, dijo Schiaretti con énfasis en su discurso inaugural de las sesiones de la Legislatura de este año y volvió repetir: “yo no miento, soy transparente”. En un acto reflejo, seguramente por la sufrida experiencia que un elector tiene en este país (y seguramente en todos), lejos de creerle, uno piensa todo lo contrario. Cuando uno tiene necesidad de afirmar tal cosa, que debiera ser un hecho natural y propio de la conducta de cualquier persona y mucho más de un político, es porque necesita convencer a un auditorio que no le cree. Y no es para menos porque con las primeras medidas de gobierno, ya echó por tierra lo que afirmó, o por lo menos ocultó (que es una forma de mentir) durante la campaña. Prometió mejorar la situación de los jubilados, derogando la ley que establecía el diferimento por seis meses del pago de los aumentos correspondientes a sus salarios y cumplió, pero le adosó la reforma del cálculo del haber -algo que ocultó en la campaña- con lo que licuó con creces esa mejora y redujo el salario de los jubilados actuales y los por venir. Mintió con los jubilados. Y podríamos agregar algunas mentiras más, viejas y nuevas.

Pero la mentira, esto es, hacer lo contrario de lo que se prometió o lo que calculadamente no se dijo y luego se hace, es la tónica general de la política de este pais amarillo que se inauguró en diciembre del 2015. Y Córdoba, que le dio abrumadoramente el triunfo a Macri, se encolumnó en esa lógica de la mentira para esconder lo inconfesable: las políticas de ajuste y las garantías

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“El peronismo será revolucionario o no será nada” Eva Duarte de Perón.

Eso pareció bramar la plaza del 9 de diciembre. Nunca en la historia de nuestro país y parece que no hay antecedentes en el mundo, un gobierno se fue despedido tan mult

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itudinaria y fervorosamente. Nunca se vio tanto amor, tanta tristeza y tanto agradecimiento hacia una mujer que forjó un liderazgo del movimiento nacional y popular, con aciertos y errores, pero con inquebrantables convicciones, que llegó al corazón de, al menos, la mitad de los argentinos. Fue un momento fundacional. Un nuevo 17 de octubre. La derrota electoral operó como un catalizador de la voluntad transformadora de un movimiento que parece haber potenciado sus energías y su vocación de lucha para volver – como dijo Moreno en 678 – a protagonizar otra década ganada. Algo similar e igualmente inédito fue lo que ocurrió con la convocatoria de Kicillof a Parque Centenario. ¡miles de personas a escuchar – no a un líder religioso, ni a una banda de música – a un ex ministro de economía!.

La vitalidad de este movimiento se está viendo en las calles y plazas de todo el país; pasados los primeros momentos de bronca, ya se empieza a pensar en lo que hay que hacer para volver y con más fuerza.

Es momento de repasar lo actuado en estos doce años y ver adonde estuvieron los errores y las debilidades que llevaron a la derrota electoral (las virtudes y aciertos podríamos repasarlas de memoria). En una excelente entrevista, Máximo Kirchner

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desempleados amarillosYegua, asesina, dictadora, emperadora, corrupta, soberbia, bipolar, antidemocrática. ¡cometió el sacrilegio de abrir una grieta en el pais y dividir a las familias argentinas!¡Qué no ha dicho la oposición, y repicado los medios hegemónicos, de la presidenta de los argentinos, en todos estos años!. ¡Qué no han dicho ni denunciado de sus funcionarios!

La entente de medios hegemónicos acostumbrados a decidir la suerte de los gobiernos, sectores recalcitrantes de la justicia (donde también jugó en ocasiones la propia Corte Suprema) y actores económicos concentrados, pergeñaron acciones destituyentes, campañas de difamación y mentiras que pondrían colorado al propio Goebbels. Los más de doscientos medios del grupo Clarín, y sus periodistas estrellas entre los que brillaron con luz propia Jorge Lanata y el inefable Mario Pereyra y su Cadena 3 en Córdoba, fueron los que taladraron el cerebro de los argentinos construyendo un sentido común en amplios sectores de la población, sobre todo en las capas medias, que legitimaba la visión de país que las clases dominantes siempre tuvieron desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días.

Sería interminable enumerar las operaciones y campañas que se montaron desde los sectores de poder a través de los medios, acicateando a los ciudadanos de a pie, muchos de los cuales ganaron la calle más de una vez y los espacios domésticos y familiares para vociferar crispados, con los ojos inyectados y la espuma en la boca, el odio más abyecto hacia un gobierno que había osado tocar intereses intocables para ese sentido común, aunque por eso hubieran sido beneficiados. ¡Las cosas que bramaban!

En 2008, durante los ciento veintinueve días que duró el conflicto con el mal llamado “campo”, pero que se trataba de la oligarquía terrateniente -al que por errores propios, el Kirchnerismo también empujó a que se les sumaran los medianos y pequeños productores- y que el gobierno no reprimió (salvo el chiste de llevarlo a cococho a De Angelli por orden judicial), se produjeron pérdidas millonarias para el país, desabastecimientos que empujaron los precios para arriba, quiebras de pequeños comercios, muertes por accidentes provocados por incendios de campo o por el impedimento para circular por las rutas y varias consecuencias más. Estas acciones fueron presentadas por los medios como lucha democrática y patriótica en defensa de los verdaderos valores de la argentinidad, ya que el campo es el “que le da de comer al pais y mueve la economía”. Y eso, como verdad absoluta, repetían como loros taxistas, amas de casa y poligrillos de toda laya que no tenían más tierra que un par de macetas y ni una pizca de los ingresos de los propietarios de campos – casi la mitad arrendadores que no movían un dedo-, beneficiados por la renta a la que da origen el injusto régimen de propiedad de la tierra.

Las retenciones móviles, pretendían ser un mecanismo de transferencia de ingresos y regulador de precios internos que apuntaba a beneficiar directamente a los sectores populares y al proceso de reindustrialización; los medios hegemónicos lo transformaron en un ataque a la propiedad privada y a los más íntimos valores de la nacionalidad. Esto es el comunismo, la dictadura, la yegua genera la división de los argentinos, vienen por nosotros, repetían como loros, taxistas, y los demás que sabemos.

Podríamos seguir con ejemplos en orden de aparición: la política de desendeudamiento, las paritarias y los nuevos derechos, la reestatización de Aerolíneas Argentinas, la eliminación de las AFJP y el mejoramiento de las jubilaciones y los millones de jubilados nuevos, el fútbol para todos, la ley de medios, la declaración de interés publico para el papel de diario, la reforma del BCRA, la expropiación de YPF, la AUH, el plan progresar, el procrear, las cadenas nacionales para informar todo eso y contrarrestar la desinformación de las cadenas nacionales de todos los días de los medios hegemónicos. Hasta la política de DDHH fue estigmatizada y vilipendiada como curro.

Que estatizan una empresa que da pérdidas y aumenta el gasto público, que se estatizó el sistema previsional para hacer negocios con la plata de los jubilados, que la ley de medios y la intervención del Estado en la provisión de papel de diarios es una afrenta a la libertad de prensa, la AUH y los subsidios es para mantener vagos y fomentar el vicio, que las chicas se embarazan para cobrarlos, que nadie invierte en este pais, que no queda otra que pagar lo que dice Griesa, que el memorándum con Irán y la muerte del fiscal Nisman convertían a la presidenta en encubridora y asesina. ¡Todos somos Nisman aunque se haya demostrado que era un corrupto al servicio de los intereses de EEUU e Israel!

Todos los datos duros de la realidad, a pesar de los errores cometidos, lo que no se pudo hacer, y los efectos de la crisis internacional, demuestran que los resultados de esas políticas nos dejan un país sustancialmente mejor y una calidad de vida que no soñábamos tener hace doce años atrás. Sin embargo los taxistas y los que ya sabemos rebuznan: chorros, asesinos, delincuentes, corruptos, antidemocráticos. En este país no se puede vivir.

No es lo que pensaron los miles de científicos que volvieron y otros tantos que llegaron huyendo de las crisis de los países centrales.

Y ganó Macri a pesar de las advertencias sobre los efectos -conocidos y ya padecidos- que las políticas neoliberales pueden llegar a tener en los salarios, las jubilaciones, la equidad social, la soberanía nacional y el despegue de la región. Pero no. Era la campaña del miedo.

Macri integró su gabinete empresarial con tantos procesados y denunciados, y algunos incompetentes confesos, que da vergüenza ajena. Ya comenzó a funcionar la maquinaria neoliberal y se empezaron a sentir los efectos en la inflación, la caída del salario real y los niveles de especulación; ya van a la caza de brujas y no trepidan en violentar la Constitución para afirmar su poder, pero ¡ay! ¡no se los puede criticar!

El Kirchnerismo sigue advirtiendo estas cosas, pero el país amarillo, con cinismo e hipocresía ahora clama porque no se mienta más, que no se meta miedo, que hay que esperar y dejar hacer al nuevo gobierno, que hay que recuperar la paz y la concordia entre los argentinos, que se permita que la gente sea feliz.

En definitiva: que es necesario tapar la grieta con la alfombra para seguir ocultando ahí abajo toda la mugre del sistema y que reine la paz y la armonía mientras te reparten globitos amarillos.

Alberto Hernández

Publicado en La Idea (Cruz del Eje-diciembre)

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Parte del Trotskismo y el “progresismo” ha llamado a votar en blanco el 22 de noviembre. Si hacemos una estimación a bulto podemos decir que del casi 6 % de votos obtenidos por este sector y teniendo en cuenta los pronunciamientos de sus dirigentes de cara a la segunda vuelta, supongamos que un 4 % votaría en blanco. Como seguramente va a ser una elección reñida, son votos que podrían definirla si se sumaran positivamente. Por esa razón tiene caso dedicarles estas líneas para debatir con los argumentos que sustentan esa decisión.

¿Ambos candidatos son lo mismo? ¿Da lo mismo para la clase trabajadora y el pueblo que gane uno u otro? Por lo pronto hay que decir que – desde una perspectiva del marxismo vulgar – no tenemos a la vista una opción revolucionaria y, en ese sentido, lo que estaríamos eligiendo es cual de estas dos variantes del capitalismo nos brindan un escenario más propicio para mejorar las correlaciones de fuerza en favor del movimiento obrero y popular. Lo que no es poco y es fundamental en el marco de un capitalismo que ha demostrado su fortaleza en el medio de una crisis superior a la del treinta y aunque todavía persiste, en el mundo no ha surgido la fuerza capaz de aprovecharla en un sentido “revolucionario”. Como decía Fidel en la Conferencia Sindical de la Deuda Externa, llevada a cabo en La Habana en 1985 pero que viene como anillo al dedo a la situación que se plantea hoy: “la mujer está embarazada, se sabe que ya va a venir el hijo, pero no aparecen los parteros”. Esto es, como se sabe, que no basta que el capitalismo esté en crisis, es necesario que en los trabajadores haya decantado la idea del cambio revolucionario -conciencia para sí – y si pensamos que tal cambio debe hacerse en democracia, que exista el partido que represente ese cambio. Está claro que en el mundo y más en nuestro país estamos lejos de que lo sean – y no es un comentario peyorativo sino un dato de la realidad -el Trotskismo o el “progresismo”, por el contrario sigue siendo el Peronismo, y mucho más después de esta década de Kirchnerismo, la fuerza con mayor capacidad de dinamizar la energía social.

De lo que se deprende de las declaraciones y promesas de campaña, pero sobre todo por los antecedentes que cada candidato expone, está claro que no son lo mismo. Scioli es parte de un proyecto que ha llevado en estos doce años de gobierno. al despegue económico, social y cultural de la Argentina, sacándola del abismo en que la dejó la experiencia neoliberal más salvaje que se haya podido implementar en el mundo. Y, no sin cometer errores, no sin hacer concesiones a sectores de poder , no sin medidas discutibles –siempre considerando las correlaciones de fuerza existentes para poder avanzar más y en que momento-, ha llevado al ascenso social a millones de argentinos, ha recuperado la capacidad de decisión soberana del estado y un sitial de liderazgo en Latinoamérica y el mundo, por haber juzgado el genocidio de los 70, por su vocación de integración bolivariana de la región y su disputa inclaudicable contra la hegemonía del capitalismo salvaje, militarista y especulativo, desde una postura insoslayablemente humanista.

Está claro también, y solamente a un necio se le puede pasar por alto, que más allá de las promesas electorales oportunistas y mentirosas, como parte de una campaña diseñada para cazar incautos, Macri, por sus propias declaraciones y las de los miembros de su futuro equipo de gobierno, por el sesgo de su gobierno en la CABA y por su pertenencia de clase, sus antecedentes empresarios que incluyen el contrabando, la evasión, el vaciamiento y la super explotación de sus trabajadores, representa una vuelta a ese pasado que añoran y alientan los grupos económicos locales e internacionales, el FMI y los EEUU.

El desarrollismo con inclusión de Scioli, versus el imperio del mercado donde gana siempre el más fuerte, que propugna Macri.

Para los que apuestan a cuando peor mejor porque suponen que en una situación de crisis y agudizamiento de la confrontación de clases se dan mejores condiciones para el salto en conciencia y la adhesión de las más amplia masas a las ideas revolucionarias, habría que recordarles que en los 90, la desocupación y la pobreza, desmanteló las organizaciones obreras, liquidó la solidaridad social, lumpenizó a los sectores más humildes y llevó a los ex trabajadores a elementales formas de organización y lucha, como los clubes de trueque, los movimientos piqueteros o de fábricas recuperadas, que, en lugar de reclamar por la caída del sistema, clamaban a gritos por volver a ser explotados como antes. El capitalismo ha demostrado una capacidad asombrosa de adaptación y superación de las crisis, que hacen impensable hoy que es posible que la tortilla se vuelva con el simple recurso del asalto al palacio de invierno y mucho menos pensando en el crecimiento ininterrumpido del caudal electoral de las fuerzas que levantan el socialismo como opción, empeño éste que nada tiene que ver con la dialéctica de la historia y del poder.

Mi teórico marxista preferido de la actualidad, el mexicano Jorge Veraza Urtuzuástegui, reconocido en el 2011 por el gobierno pluricultural de Bolivia por su obra: Reencuentro de Marx con América Latina (que recibió en 2012 el premio “Libertador Simón Bolívar al pensamiento crítico”, otorgado por el gobierno de Venezuela), aporte teórico que, como dijo García Lineras, “ya forma parte de esta revolución”, decía en los ’80, en un artículo donde desarrollaba las tareas de la clase obrera en la etapa de la resistencia al neoliberalismo que “…había que articular positivamente todos los NO, todas las oposiciones”. Y esa es la disyuntiva hoy aunque la situación es cualitativamente diferente, pero la sola posibilidad de volver hacia esa noche negra de la historia, nos obliga a sumar todos los NO contra quien representa ese retroceso. No solo para la Argentina, sino para la región. Para la suerte del Mercosur, de la CELAC, del sueño bolivariano de la Patria Grande que ya está en marcha. No por casualidad Evo Morales, Maduro, Correa, Lula, Mujica, Dilma y el propio Castro, se han pronunciado por el triunfo de Scioli. Saben positivamente que los procesos nacionales emancipadores, penden de un hilo, jaqueados por la derecha internacional y que todos dependen de como se consolide el bloque regional en el rumbo abierto hace una década.

¡A recapacitar votoblanquistas! Después será tarde para arrepentirse.

Alberto Hernández

Publicado en «La Idea» de Cruz del Eje de noviembre

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