Alberto Hernández
Esta nota estaba terminada, pero decidí no publicarla hasta escuchar al impresentable del presidente Argentino en su cadena nacional. El título “Malvinizar el discurso y el proyecto político” que ya tenía elegido con pretensión de simbolizar la tarea de descolonización que debería asumir un nuevo gobierno nacional y popular, debió ser ajustado después del discurso cínico, mentiroso y oportunista que hizo Milei en su representación de Galtieri. La utilización de un tema tan sentido sin distinción de banderías políticas – el caradura hizo un llamado a la unidad nacional – ha sido un inocultable intento de producir – al igual que la dictadura en 1982 – un golpe de efecto para intentar revertir el derrape de su gobierno. Seguramente el anuncio tendrá su efecto en los que nunca leen la letra chica de los contratos y este es un contrato firmado con Trump y la OTAN que reafirma el estatuto colonial redactado por EEUU en el marco del nuevo Plan Cóndor para América Latina. A un admirador de la Thatcher y de Pinochet, y títere de Trump y Netanyahu no se le puede conceder ninguna pizca de credibilidad hacia una declaración de soberanía nacional. Habrá que ver si este golpe de efecto cambia el humor de una sociedad castigada por la pobreza, la desocupación y el desamparo del Estado.

Dicho esto sigue mi nota
La carrera electoral hacia el 2027 ha comenzado a un ritmo febril. Por un lado la derecha tratando de arreglar sus conflictos y ver como recomponen el derrape del gobierno para repetir y por otro lado el resto viendo que alternativa arma para terminar con este plan de entrega colonial y destrucción del país.
De la derecha no nos vamos a ocupar. Solo decir que de alguna forma hay que desalojarlos del gobierno y evitar que nos sigan entregando al yanquisionismo y a los grandes intereses del tecnocapitalismo con sus consecuencias sociales y económicas.
Por el otro lado las cosas no pintan muy bien. El frente patriótico y popular que se debería construir para aplastar el mileismo y que – como propuso Juan Grabois – debería ir desde Axel Kicillof hasta Myriam Bregman, incluyendo a algunos que van y vienen – una casa se levanta con barro y bosta, supo decir Perón- no parece algo factible. La “Rusa”, que merece nuestros mayores respetos y que viene subiendo aceleradamente en la consideración popular, como es tradición del trotskismo en este país – y en el mundo- no parece querer aliarse con nadie. Al parecer la estrategia es ir elección tras elección hasta la revolución social. Ni siquiera se unen entre ellos y algunos grupos trotskistas hasta la denostan.
Por el lado del peronismo – o podríamos decir el movimiento nacional y popular para contar a los aliados progresistas – tampoco los tantos están echados. El espacio no parece aglutinarse detrás de un mismo proyecto de país, ni siquiera de las mismas consignas – varias de ellas necesitarían ser muy bien explicadas para saber adonde apuntan – sino del objetivo de ganarle a Milei que no es poco, pero no alcanza para enamorar. Cristina, presa política del régimen mileísta, condenada por parte de la justicia del poder sin ningún tipo de pruebas e inhibida de participar electoralmente – al menos hasta ahora- no se ve que quiera hacer un gesto para sostener la candidatura de Kiciloff, que aparece – no solo con mayor intención de votos – sino con posibilidades de construir una alianza más amplia para enfrentar al mileísmo. En un video que circula por las redes, Juan Falú que no solo es un gran músico sino un comprometido con el movimiento popular, exhortó a Cristina para que hiciera el gesto de señalar a Axel como su candidato. Hasta ahora el dedo de Cristina parece apuntar para otro lado. Su candidato sería Massa, si es que su hijo habla por ella. Según Navarro en El Destape (07/09/26), Máximo habría expresado en un encuentro de militantes «prefiero apoyar a un hijo de puta (Massa) que a un boludo (Kicillof)». Esto significa, no solo marcar diferencias, sino hacerlo dinamitando el espacio. Así estamos.
No hay ninguna duda de que el objetivo electoral es derrotar a la derecha macrimileista, mafiosa y yanquisionista que hoy gobierna el país. De eso dan cuenta el humor social y los encuentros de los principales referentes del peronismo y de la principal táctica acordada que es defender las PASO para que gane el “más mejor”. De esa forma evitar el derramamiento de sangre entre candidatos que a todas luces representan proyectos distintos, tanto personales como políticos y que, de ganar, serán los que estarán en tensión dentro del frente de gobierno que se consiga constituir. Ya tenemos experiencias de frentes y alianzas armados para ganarle a alguien y así terminaron. A Menem con De la Rúa es el ejemplo más concreto y trágico.
De nuevo hay que decir para que no queden dudas: El objetivo electoral inexcusable debería ser expulsar a la derecha del gobierno. Pero ese primer acto no garantiza que ese futuro gobierno vaya a poder revertir el proceso de destrucción de la economía y la entrega de la soberanía, si no es capaz de ir construyendo un programa común con visión estratégica que sea capaz de volver a enamorar a la mayoría del pueblo argentino y lo movilice.

En ese sentido las señales son difusas y contradictorias. Lo que augura una fuerte disputa, tanto en el plano político ideológico, como en lo social, con el protagonismo y la rebeldía popular. Lo que ya está planteando una tarea: la organización y participación efectiva de los actores sociales, que no solo deberá ser pura iniciativa desde abajo sino propiciada desde el gobierno como el soporte imprescindible para ir a fondo con las transformaciones necesarias para ir “derecho al futuro”. Ya no se puede seguir interpelando y advirtiendo a las clases populares desde las alturas, desde la comodidad de una banca o un ministerio – bien remunerado por cierto – sobre la necesidad de involucrarse, organizarse y movilizarse. Es necesario embarrarse hasta las rodillas, caminar el territorio, llegar hasta el último pueblito de este país, hasta la mas pequeña organización de barrio, empatizar con la gente que la está pasando mal y desconfía de la política y los políticos, para sumarlos y comprometerlos en un proyecto común.
Dicho esto, y para que no queden dudas, y al menos que ocurra algún terremoto político – Axel Kicillof debería ser el gran armador de este frente que necesariamente tiene que iniciar un proceso de transición, que siente las bases para una radicalización contralibertaria posterior. Pero a no ser que se deba a alguna especulación electoral para no espantar a algún sector de votantes, la definición que lanzó hace unos días en el seminario “Peronismo por peronistas”, en La Plata sobre que la “neutralidad estratégica” debe ocupar un lugar central en la política nacional, al menos debería ser explicada y discutida.
Durante su exposición, el gobernador de Buenos Aires, sostuvo que la Argentina debe defender su soberanía y evitar quedar subordinada a los intereses de otros países. En ese sentido, afirmó: “No debemos someternos a lo que dicten las potencias extranjeras ni involucrarnos en guerras o ideologías que no nos pertenecen”. Hasta aquí todo bien, muy bien. Pero además – obviamente entre otras cosas que reinvindicamos y que significan poner en marcha un modelo económico que se ubica en las antípodas del mileísmo- señaló, haciendo referencia a Perón, que la “neutralidad estratégica” y la “integración regional latinoamericana” deben ocupar un lugar central en la política nacional.
De lo segundo, no hay lugar a dudas de que es una tarea histórica, que viene propuesta desde los albores de la patria por San Martín, Bolívar, Artigas, Martí y otros y que en la medida en que Latinoamérica no se constituya en un bloque regional integrado económica, política e institucionalmente, revitalizando organismos como el Mercosur, la CELAC, la UNASUR, el ALBA, no vamos a poder tallar en el mundo que se viene desde un proyecto soberano.
En cambio lo de “neutralidad estratégica” deja picando muchos interrogantes. En primer lugar hay que decir que ya no estamos en épocas de la guerra fría, donde la URSS y EEUU se disputaban el mundo y la “tercera posición” cobraba un sentido estratégico. La civilización occidental, su modelo económico y cultural, el neoliberalismo, está derrapando hacia su agotamiento y por eso la desesperación militarista y la agresividad de los que se creían dueños del mundo que han vuelto a poner en Ltinoamérica planes de agresión neocolonial. La conformación del “Escudo de las Américas” es una muestra de esa decisión de los EEUU y constituye un “Plan Cóndor II» al que se han sumado varios gobiernos de derecha de la región que también reconocen como socio y protagonista al estado de Israel y que no parecen estar muy interesados en la soberanía regional. De nuevo el enemigo interno, la excusa para intervenir: el narcotráfico, el supuesto terrorismo o los “zurdos de mierda” como dice Milei. Frente a ese plan, frente al expansionismo sionista y el neocolonialismo al que estamos sometidos, no se puede ser neutral. La historia avanza hacia un mundo multipolar, y el país, al menos si no puede contar con otros países de la región debería estar del lado de los que constituyen la avanzada de ese mundo. Así lo ha hecho nuestro vecino y principal socio, Brasil, integrado a los BRICS y recientemente reduciendo en su comercio exterior la utilización del dólar como moneda de intercambio y evadiendo en gran medida el sistema SWIFT por donde pasa algo más del 50 % de las transacciones internacionales. Habría que decir en este punto, para evidenciar aun más la crisis del sistema capitalista occidental que si bien, ese porcentaje se sostiene hasta ahora, la tendencia a independizarse del dólar se manifiesta en las reservas globales que han caído un quince por ciento en esa moneda en la últimas décadas. Por otra parte ya en el marco de los BRICS se está desarrollando una autopista financiera alternativa al SWIFT para realizar las transacciones internacionales en monedas locales y ya Rusia y China cuentan con una propia. (1) Esa decadencia no se expresa solamente en la caída del dólar en el comercio internacional. También en las instituciones que fueron rectoras de ese orden internacional hegemonizado por los EEUU. Tanto las Naciones Unidas, la OEA y la propia Corte Penal Internacional, son convidados de piedra frente a la política de hechos consumados y la violación del derecho internacional, por parte del trumpismo y del sionismo. Son instituciones decadentes de un orden mundial que se derrumba. No han servido sus declaraciones para frenar el genocidio en Gaza, los asesinatos de lideres y la matanza de niños y ancianos en Medio Oriente, la políticas -también genocidas- de bloqueos comerciales, ni el secuestro impune y descarado de Maduro, presidente elegido democráticamente por su pueblo. Frente a estos hechos no se puede ser neutral. No se puede ser neutral frente a las pretensiones de las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley que conciben – y actúan para construir – un mundo sin Estados. Un mundo privado, sin ley, sin justicia, donde gobiernen las corporaciones. Ya hace una década iniciaron una prueba piloto en Honduras con Próspera, una ZEDE (Zona de Empleo y Desarrollo Económico o Ciudad Modelo)- Y esto no es ficción.(2) Y están colaborando estrechamente con los aparatos de guerra yanquisionistas, haciendo inteligencia, identificando objetivos y accionando drones letales, con la derecha política interviniendo con maniobras fraudulentas en los procesos electorales, en la construcción de sentido común en las redes sociales que manejan, adoctrinan y corrompen políticos y funcionarios. Si faltara algo para demostrar y poner a la luz del día la operatoria de estas corporaciones, lo tenemos a Cerimedo para que cuente como hicieron para que ganara la derecha en Honduras, Colombia, en Perú, en Bolivia, en Chile y en este país. Ese es el mundo de las corporaciones que nos proponen como nuevo modelo civilizatorio.

Frente a eso no puede haber neutralidad. Como parte de ese mundo tenemos a Marcos Galperín, cuya empresa Mercado Libre ya vale más que la de Paolo Roca, evade impuestos, se inició con subsidios del Estado y no cree en el Estado, tampoco invierte en Argentina. O Peter Thiel -fundador de Dialog, especie de logia secreta, que reúne a los poderosos del mundo para discutir qué hacer con él- (3), con Palantir empresa insignia de Silicon Valley ya instalados en el país (4); la Patagonia como parte del proyecto de expansión de Israel y entregada sin límites a la voracidad de los inversores privados extranjeros; Ushuaia con una cabecera de playa de los ingleses en su puerto intervenido; los EEUU patrullando el mar argentino; el río Paraná entregado; los recursos naturales, el agua, las empresas del estado, la tierra y siempre la herida abierta de Malvinas. No puede haber neutralidad frente a ese mundo que nos proponen.
Siguiendo al marxista egipcio Samir Amin (5), hay que desconectar de ese mundo, de esa lógica del tecnocapitalismo e integrarse a él desde un proyecto soberano. Que tiene que tener como norte la integración regional y sumarse al coro de los países que abogan y construyen un orden multipolar, una nueva humanidad y nuevas herramientas e instituciones globales.

En Argentina es necesario “malvinizar” – no “galtierizar” como lo ha hecho Milei- la propuesta política. La reivindicación y la lucha por Malvinas es el símbolo, bandera y guía de la revolución anticolonial que tenemos que producir. Más ahora que por efecto de ese trapo que agitaron los jugadores después de derrotar a Inglaterra, se despertó en una mayoría del pueblo argentino, ese espíritu patriótico que parecía dormido y sacudió fuertemente al gobierno de Milei, arrodillado ante los intereses yanquis y sionistas. Malvinizar significa desarticular, exterminar, remover y revertir todos las ataduras neocoloniales – entre ellas recuperar un Estado motoserrado y domesticado – a las que nos sometió esta dictadura mileísta.
Axel Kicillof asoma como el que puede ordenar y convocar a un frente amplio -aun con barro y bosta -para desalojar la derecha del gobierno, y emprender esa campaña – claro que es importante que no sea mayor la cantidad de bosta porque la casa se derrumbaría. Por esta razón en esta etapa – que necesariamente debería ser de transición- es imperativo ir decantando voluntades, organización y sentido común – hegemonía, diría Gramsci- que apuntalen esa “malvinización” de la voluntad política y la pertenencia y el compromiso con el nuevo orden mundial multipolar que se vislumbra.

(1)Swift nos hace picadillo. Campaneando- 2020 https://albertointendente2011.blog/2020/09/05/__trashed/
(2) Honduras: Xiomara Castro, neoliberalismo y ciudades modelo. Campaneando.2021 https://albertointendente2011.blog/2021/12/13/honduras-xiomara-castro-el-neoliberalismo-y-las-ciudades-modelo/
(4) En Argentina está instalado desde abril, donde compro una mansión de doce millones de dólares en Palermo Chico, inscribió a sus hijos en un colegio porteño y está en la construcción de una agenda de influencia que busca ampliar en la Argentina sus negocios en IA y su plataforma Palantir para el cruce de bases datos ciudadanos para la videovigilancia, la seguridad y la defensa del poder estatal.
(5) “Estos países y grandes regiones (de la periferia capitalista) susceptibles de coordinar sus opciones deben someter sus mutuas relaciones a los diversos imperativos de su desarrollo y no a la inversa, tratando de conformarse ajustándolo a la expansión mundial del capitalismo” La Desconexión. (Samir Amín Prefacio de la edición castellana. Ediciones del pensamiento nacional. 1988)