El domingo 27 de abril de 2003, compartía un asado con unos amigos con los que matiz más, matiz menos coincidíamos en nuestras visiones políticas. Ese día había elecciones y todos habían ido a votar en contra de Menem, menos yo que me había sumado al planteo de la CTA y otros, de que eran una trampa. No tenía que ganar Menem, pero todas las demás opciones eran o marginales o de terror. La única incognita era la de un flaco del sur que no conocíamos y que venía a ser el Chirolita de Duhalde. Mis amigos desconfiaban pero me querían convencer de que era la única opción para que no siguiera el menemato. Te llevamos a tu escuela – me decían. Pero no hubo argumento que me convenciera. Era la única vez que no votaba en una elección.
Por esos tiempos y como consecuencias de la crisis de los partidos políticos después de la caída de De la Rua y las serie de presidentes que lo sucedieron en quince dias, le habíamos dado forma al Movimiento Político y Social de Liberación (MPSOL) integrado por los principales referentes de los gremios mas combativos de Córdoba, deprendiemientos de partidos políticos y muchas de las asambleas barriales surgidas al
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Alberto Hernández
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Los dos gobiernos progresistas de la región recientemente asumidos y que pusieron fin a gobiernos neoliberales, en Argentina y México, caminan por la cuerda floja intentando hacer un difícil equilibrio. Ambos anunciaron el fin de ese ciclo y se propusieron terminar con el capitalismo salvaje en sus países abogando por un nuevo orden internacional más justo y solidario. Claro que una cosa es enunciarlo y otra ponerlo en práctica.


