La Casa de las Tejas y el derecho a la ciudad

El traslado urgente -casi una fuga- de la sede del Gobierno provincial y la demolición de la Casa de las Tejas para construir un Parque Temático pone en discusión varios aspectos particulares y uno de fondo.

Los aspectos particulares: ¿Por qué tanto apuro en mudarse? Cuando uno esta haciendo su casa nueva, no deja la vieja hasta que aquella no esté concluida. Eso es sentido común. Lógica pura. Y si decide tener una residencia provisora y afrontar los gastos – alquileres mudanza adicional, etc – , en el caso de un particular es su problema, pero en el caso de un gobierno, tiene que haber razones más poderosas que la especulación electoral de inaugurar obras este año para justificar un gasto extra de los dineros públicos. Los millones que dicen que gastarán en este movimiento provisorio podrían ser la razón de una demanda ciudadana por violación de los deberes de funcionario público -si es que no hubiera una figura penal más onerosa -, ya que un gobernante debe ser austero en su administración.Otro aspecto particular es el valor patrimonial de la construcción que se quiere demoler. El inmueble se encuentra dentro del catálogo que crea la ordenanza 11.190 como de baja categoría, esto es que “solo” tiene, de acuerdo a su artículo 7, inciso 4 “valor social, de identidad”. Sobre el valor arquitectónico, urbanistas y arquitectos no se ponen de acuerdo, como tampoco – y es la otra cuestión – sobre la obra que se hará en su lugar. En cambio los vecinos de Nueva Córdoba y de otras partes de la ciudad sí están de acuerdo en que, lo que es despreciable para los gobiernos provincial y municipal, su valor social y de identidad, es lo más importante a defender y por eso se han movilizado.

Y he aquí la cuestión de fondo: la planificación de la ciudad de Córdoba; la ciudad donde nacemos, crecemos, construimos nuestra vida y donde queremos ser felices.

La decisión tomada sobre algo que nos pertenece a todos, como la Casa de las Tejas con su historia; como cambiarle el nombre a la Av. de Circunvalación destituyendo a un icono de Córdoba como Agustín Tosco o la proliferación de emprendimientos inmobiliarios que han saturado la red cloacal llenando de olores fétidos numerosos barrios; los guetos para ricos que crecen como hongos, mientras otros ciudadanos deben ocupar terrenos persiguiendo el sueño de una vivienda digna; todo eso responde a una concepción del desarrollo urbano autoritaria, tal como es la lógica despiadada del capital. La ciudad crece al ritmo de los negocios inmobiliarios, de las decisiones burocráticas o la especulación electoral de los funcionarios de turno; camina hacia la fragmentación y el caos, hacia su destrucción como comunidad que armoniza e integra la diversidad.

Es imprescindible producir un cambio drástico y poner fin a esta concepción neoliberal que pone al capital por encima del ser humano y poner en marcha una reforma urbana democrática que integre a todos los cordobeses como ciudadanos activos, no solo en su carácter de destinatarios de las políticas públicas, sino como hacedores y diseñadores de la ciudad en la que quieren vivir y ser felices. Una reforma que humanice la ciudad; que integre, sobre todo a los que la construyen diariamente y no gozan de sus beneficios; la gente debe tener espacios de participación y debe poder decidir sobre su rumbo, sobre las cuestiones que definen su identidad y su bienestar. Hay que devolver a la gente, a los ciudadanos, el derecho a la ciudad.

David Harvey, célebre geógrafo y teórico social británico, decía que “el derecho a la ciudad no es simplemente un derecho de acceso a lo que los especuladores inmobiliarios y los planificadores estatales definen, sino un activo derecho de hacer la ciudad diferente, para darle forma más acorde con nuestro deseo del corazón, y volver a hacernos de ese modo, en una imagen diferente”.

Pues, entonces los vecinos, en la medida en que su derecho a la ciudad no lo garantizan las instituciones, lo defienden en la calle y está bien.

Alberto Hernández

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La carrera politica y los millones necesarios

Temas que nadie toca en campaña

Evidentemente estamos viviendo un enero políticamente tan caliente como la temperatura veraniega. Se han anticipado los movimientos electorales y empiezan a aparecer los afiches de todos los que pretenden ser candidatos a algo. Para la presidencia y para la gobernación son pocos ( al menos en Córdoba) y más o menos previsibles. En cambio para la intendencia de nuestra ciudad abundamos. Algunos dicen que aspiran a ese cargo pero todos sabemos que es para negociar una concejalía u otro lugar en las listas; otros directamente instalan su nombre para lo que venga. Casi todos esperan que el dedo decisorio o los arreglos que se hagan tengan en cuenta esas pretensiones. Es parte de la lógica de la política de los últimos años. Dentro de esa lógica, que empobrece aun mas esta democracia (que, aunque así, menos mal que la tenemos), es la necesidad de contar con aparatos millonarios.

Las reformas a las leyes electorales en el orden nacional y provincial han sido mezquinas y en muchos aspectos mas restrictivas que antes a la ampliación de la participación electoral. En lo que hace al financiamiento de las campañas, si bien la ley provincial 9571/08, de aplicación supletoria en las elecciones municipales, limita sustancialmente los aportes de particulares y prohíbe el anonimato – lo que es muy bueno – sigue favoreciendo a los partidos tradicionales al distribuir solo un 30 % de los espacios electorales en forma igualitaria. El otro 70% se distribuye proporcionalmente a los votos obtenidos por cada fuerza y si fuera nueva obviamente que no le toca nada de ese porcentaje. Los aportes privados en las campaña son fuentes de corrupción porque hay miles de forma de evadir su control y generalmente se superan los limites impuestos por la ley y se oculta su origen. Estos aportes generan compromisos que después se devuelven con favores estatales o tienta a los funcionarios a “hacer caja” desde el estado para armar aparatos políticos millonarios que les permita seguir compitiendo con éxito en la carrera política.

El derecho de cualquier ciudadano común a ser elegido para un cargo publico si se siente capaz, formado y con ideas, es una utopía y más en estos tiempos donde la imagen y los gestos captan mas votos que las ideas y las propuestas. El candidato es un producto comercial más al que hay que vender con una buena estrategia publicitaria y eso cada vez cuesta más. Por eso también en general los que gobiernan – salvo honrosas y valiosas excepciones pasadas y actuales – terminan siendo administradores de los intereses de los que mas tienen y a los que no quieren enfrentar.

Las campañas electorales deberían ser totalmente financiadas por el Estado y que todos puedan tener las mismas oportunidades de poner a consideración de la ciudadanía sus ideas y planes de gobierno, lo que seria mucho mas transparente y también una forma de incentivar a los electores a profundizar el conocimiento de las propuestas.

Cada candidato aspira a “armar” su aparato partidario y no desprecia ningún medio. O es millonario o se corrompe por sostener su carrera política – insisto en que hay y hubo saludables excepciones, pero éstas confirman la regla. Ese es otro de los problemas de esta democracia. La ambición por ascender en el escalafón político hace que en muchos casos utilicen el cargo para el que han sido elegidos, no para solucionar problemas del pueblo, sino como trampolín para acceder al que sigue. Por eso tampoco se planifica a largo plazo, sino que se gestiona a los efectos de que al fin del mandato se puedan mostrar obras que den votos. No se hace lo importante sino lo que electoralmente conviene.

En mi caso solo aspiro solo a ser intendente y si fuera posible por dos períodos, ya que hay políticas públicas que no obtienen resultados dentro del limitado tiempo de una gestión. Después, si hice las cosas bien habrá quien pueda seguir con esas políticas y yo me retiraré satisfecho a militar desde el llano.

Mi trajinar en bicicleta por los barrios de Córdoba con esa pretensión, además de promocionar su uso como medio de transporte saludable y no contaminante, intenta reivindicar el derecho de cualquier ciudadano que se sienta capaz y que tenga ideas, de tener la posibilidad de ser conocido, de ser reflejado por los medios y conocidas sus propuestas por los ciudadanos. Si llego a la intendencia pondré en marcha políticas para una administración y una ciudad de los próximos veinte años. Una de esas medidas será la de aprobar un sistema electoral municipal que permita la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.

Alberto Hernández

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Primer asado por el partido municipal


Costillar y cordero crucificados

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Mestre Jr. no conoce la administracion municipal y no tiene idea de qué hacer con ella

El precandidato del Radicalismo Mestre Jr. insiste con la mano dura para los agentes municipales, con desdoblamientos de horarios y otras yerbas. Con eso demuestra que no entiende nada sobre la administración pública y menos sobre la municipal. Si quiere reeditar la mano dura de su padre en la Municipalidad, habría que recordar que eso significó cinco años de duros conflictos que perjudicaron a la población y finalizaron solo cuando los salarios municipales fueron los más altos de Latinoamérica. Volvió a pasar con Kammerath y éste no pudo gobernar. El único período de calma y escasísimos conflictos fue en la gestión Martí que inteligentemente apeló al diálogo y a la construcción de consensos. Tampoco prosperaron los intentos de desdoblar los horarios, que no es lo mismo que hacer dos o tres turnos según lo que sea necesario, que sí hay que hacerlo dada la cantidad de personal que hoy tiene la comuna. Lo que no dice Mestre, porque no sabe, es que el problema de la administración es mucho mas serio que la supuesta holganza de los empleados. Es necesaria una reforma administrativa de fondo que implique un rediseño organizacional, para hacer mas ágiles las cadenas de decisiones; es imperioso terminar con el clientelismo político ( a él le preocupa el ingreso de los contratados porque no le va a quedar lugar para que ingrese su gente) y poner en marcha una nueva carrera administrativa sobre la base del mérito y la capacitación; es necesario incorporar tecnología y equipar las reparticiones que están desmanteladas; hay que terminar con las distorsiones salariales producto del sistema de bonificaciones y prolongaciones de jornadas; pero fundamentalmente hay que partir de tener una mirada estratégica, un claro diagnóstico y planes que superen el funcionamiento inercial de la administración. Estas transformaciones solo pueden llevarse a cabo, no desafiando al SUOEM, sino sumándolo como socio en el esfuerzo por brindar servicios de calidad a los vecinos. Es posible un acuerdo de cooperación si se aseguran los derechos de los trabajadores y como contrapartida se requiere eficacia y eficiencia y lucha contra la corrupción. En un marco de cooperación, políticas claras y capacitación, la mayoría de los empleados trabajarán con gusto lo necesario; y los pocos que estén en la corrupción o sean remisos al esfuerzo deberán irse.

Alberto Hernández

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Respuesta a editorial de La Voz del Interior sobre la defensa de los contratados municipales por el SUOEM

Con fecha 05/03/2011, ese diario publicó una editorial titulada “Nefasta tradición que debe terminar” que aborda el tema de los contratados en la Administración Pública. Un tema recurrente y que irrita a los cordobeses pero que hay que analizar correctamente. Es evidente que quien escribió la editorial no conoce sobre derecho laboral y administrativo y ha opinado desde su irritación, más propia de un ciudadano común, que no tiene obligación de saber de esto, que de un periodista experimentado que sí la tiene.

“Son inaceptables las pretensiones del SEP y SUOEM de prolongar una deleznable tradición política y gremial: transformar al personal contratado en una fuente de réditos económicos y políticos” dice la editorial. Lo que hay que decir es que este tema de los contratados es “una deleznable tradición política” que tiene su base en el clientelismo conque los partidos suman adherentes; pagan sus apoyos con puestos públicos y organizan sus aparatos políticos con esos trabajadores. Un ejemplo paradigmático en el ámbito municipal ha sido la gestión de Juez, pero todos en mayor o menor medida desde Mestre hasta Giacomino han echado mano a esta “tradición”; igualmente ha sucedido en el ámbito provincial. Habría que decir que esta usual práctica es ilegal; violatoria de los artículos 8° y 9° del Estatuto del Personal y desde 1995 del articulo 18° de la Carta Orgánica Municipal que establece el ingreso por concurso.

Los artículos mencionados de la Ordenanza 7244, prevén los contratos para cubrir tareas especiales, temporarias o estacionales que tienen principio y fin y no para las que son corrientes y permanentes; para ellas la única posibilidad es el ingreso por concurso a planta permanente. A estos contratos la Cámara Nacional del Trabajo los ha calificado de fraudulentos en abundantes fallos. Y observa que los trabajadores que se incorporan a la administración pública por ese método terminan siendo parias y carentes de todo derecho si se aplica el criterio que generalmente es común en el fuero contencioso administrativo y que comparte ese diario cuando menciona el principio de que los acuerdos se pactan para ser cumplidos. En este sentido la CNT advierte que las partes no están en igualdad de condiciones a la hora de firmar. Una de las partes impone condiciones y la otra acepta porque no tiene más remedio. Pasa con los alquileres, o con el trabajo esclavo o en negro. Para equiparar esas desigualdades nació el derecho laboral que es derecho colectivo por excelencia y que es de orden superior a cualquier contrato privado ya que nadie puede renunciar a sus derechos. En este sentido el trabajador público tiene derecho a la estabilidad, reconocido por la Carta Orgánica Municipal y las Constituciones Provinciales y Nacional. Por lo tanto con respecto a esta “nefasta tradición” quien menos responsabilidad tiene es el trabajador que ha sido contratado en forma ilegal y por el contrario tiene derecho a la estabilidad como todo trabajador público. Vista así la cosa no se le puede achacar al SUOEM ni al SEP, “irresponsabilidad”, “actitud corporativa”, “perversa práctica preelectoral”, “oneroso clientelismo”, cuando están cumpliendo con su rol como organización que es defender los derechos de los trabajadores.

Evidentemente en este camino la administración va hacia el caos y la desfinanciación y el tema de los contratados es solo la punta del iceberg y también es cierto que el SUOEM a veces defiende intereses corporativos que no tienen nada que ver con su rol como organización gremial, pero no es este el caso. A quienes hay que pasarle factura por esta situación y exigirles un cambio de fondo es a quienes acceden al gobierno elegidos por el pueblo.

Alberto Hernández

Pre candidato a Intendente

MPSOL

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