Entrevista a Antonio Samuel Matos Díaz, escultor de la piedra donde descansan los restos de Fidel en el Altar de la Patria del Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba
Alberto Hernández

Entrar al cuartel Moncada, hoy convertido en escuela y museo, ver los rastros en su fachada de las balas de los revolucionarios de Fidel el 26 de julio de 1953 y los testimonios de aquel hecho fundacional de la revolución cubana, emociona y conmueve a cualquiera. Mucho más lo es cada 13 de agosto, ver como el pueblo de Cuba, pero especialmente el de Santiago, la “Ciudad Héroe”, se llega devotamente hasta el cementerio Santa Ifigenia, a celebrar el cumpleaños de Fidel, a esa humilde pero contundente roca donde descansan sus restos. Esa roca, ubicada en el Altar de la Patria, cargada de significado, contrasta por su sencillez con el monumental mausoleo de José Martí y los demás sitios donde reposan los restos de Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales y los revolucionarios de la gesta del Moncada.
Para conocer la historia de esa roca, de sus porqués, su origen, significado y proceso de instalación nos encontramos con Antonio Samuel Matos Díaz su escultor, pero esencialmente protagonista de todo el proceso que llevó a ese trozo de la sierra maestra a cobijar los restos del “Líder Eterno de la Revolución Cubana”
Antonio o Tony, como le dicen, es un hombre de talla mediana, delgado, de bigote magro y gesto cordial, que “nació con la gesta del Moncada”, pero su pelo negro desmiente los setenta y dos años que acusa. Luego de enviar por nuestro intermedio “un saludo de todo corazón para los revolucionarios latinoamericanos como ustedes argentinos que los llevamos en el corazón”, comienza a hacer un repaso, con orgullo y emoción, sobre su vida que es tan apasionante como la historia de la roca de Fidel. Se define como “un guajiro humilde de la cordillera de la Sierra Cristal, al norte de la región oriental. Un lugar llamado Naranjo Agrio en la zona cafetalera”. Y relata, con la mirada perdida, escrutando sus recuerdos por encima de sus gafas, que sus padres eran campesinos, pequeños agricultores y que reconoce en ese origen sus raíces.
“Nací en un bohío de guano – cuenta – con techo de palma y piso de tierra y a mi padre lo conocí cuando tenía cuatro años. No conocí juguetes. ¿te imaginas? Yo soy el primogénito de siete hijos, pero mi madre fue la primera promotora cultural además de enseñarme costumbres de aquéllos tiempos de los gallegos. Creo que mi acervo está por ahí, por esa formación que tuve de mi madre. No nos atrevíamos a decir de lo que no debíamos a los mayores, ni de nuestro padre, que le gustaban los gallos, por ejemplo, pero tenía una afinidad con las ideas de la revolución. Por aquellos años de la década del cincuenta, se fraguaba un movimiento en la clandestinidad muy grande. Y siendo un niño llegué a conocer a un grupo de hombres y mujeres, que salieron desde la región oriental donde había un movimiento de revolucionarios muy fuerte, que ya pertenecían al “26 de Julio” y sembraron ideas porque comprendían las vicisitudes de los que vivíamos en el campo. No teníamos escuela, no teníamos medicina…había que pagarlo todo”
Sigue con sus recuerdos sin hacer pausas y con la emoción a flor de piel: “Y tengo el honor infinito de decirte que cuando tenía cuatro o cinco años, vi construir una escuela primaria por los compañeros del “26 de Julio” y los que se alzaron que provenían de la clandestinidad, como mi padre, a finales de 1957 y principios de 1958 con el glorioso Ejército Rebelde. Él formó parte de la columna 19, que pertenecía al Segundo Frente Oriental, que tenía como jefe al comandante Raúl (Castro). Y a ese frente se unió toda la familia por parte de mi padre: mi abuelo, sus hijos, sus hermanos. Para mí fue muy grande ver en la finca de mis abuelos, protegido de la vegetación y de la sombra, a agrupaciones rebeldes dotarse de recursos que les suministraban los campesinos. De modo tal que mi padre, que era muy intrépido, se alzó con la consigna de “Patria o Muerte”. Y cuando triunfa la revolución el primero de enero, el viejo se nos aparece…yo sé que mi mamá tenía vínculos con compañeros del ejército rebelde que la visitaban muy tarde en la madrugada, con “los barbudos”, porque así le decían. Por esa vía tenía referencias del viejo y de cuanto había ganado con su uniforme verde oliva y con la consigna de que un día venceríamos. Efectivamente regresó triunfante ¡tirando tiros! y todos nosotros salimos perplejos al sentir disparos, porque ya habíamos sufrido ataques en el monte, donde vivíamos, por la aviación del ejército de Batista, y cada vez que decían ¡avión! era coger el cañadón a meterse en refugios. Entonces sentimos los tiros y las expresiones de mi papá con palabras cubanas que tienen una fuerza extraordinaria: “¡por los pantalones de nosotros triunfamos, viva la Revolución, Patria o Muerte!”. Fue con esa consigna y regresó triunfante.”
Matos se acomoda en el mullido sillón de ese salón del Moncada, respira hondo y prosigue: “Yo soy ese hijo agradecido de Fidel porque logré ver ese primero de enero victorioso. Entonces ir a vivir con el triunfo de la Revolución a ese municipio, al pueblo cabecera de donde nací, que se llama Sagua de Tánamo, “Ciudad mártir”, que tomado ´por el glorioso ejército rebelde fue bombardeado y quemado por las fuerzas de Batista. Resistió durante cuarenta y un días hasta el 24 de diciembre de 1958 a pocos días del triunfo de la Revolución. Entonces soy hijo también de ese pueblo rebelde que está lleno de historias igual que Santiago de Cuba. Después en la década del ‘60 vinieron años muy duros para cualquier familia cubana, porque todavía no había planificación, había que reconstruir el país. De esas ciudades que fueron arrasadas, quedaban los vestigios de esa tiranía del ejército de Batista. Entonces para poder subsistir tuvimos que ayudar a la vieja. A mí no me dio pena vender café en un estadio de pelota o ir a vender un dulce, o ir con la vieja a lavar ropa al rio, ayudarla a exprimirla, secarla y llevársela a las familias pudientes. Pero la revolución fue tan benévola con nosotros que ganamos nuestros primeros años de la enseñanza primaria. Tuve un accidente a los doce años: me cayó un árbol encima y me fracturó la columna. Tuve el honor de que me ingresaran en el primer hospital construido por la Revolución en la provincia oriental, el Hospital Lenin de Holguín, donde me atendieron gratuitamente ortopédicos rusos y cubanos, y hoy me ves aquí ¡derecho! No tuve necesidad de una intervención quirúrgica costosa, solamente una rehabilitación y además quedarme becado en Holguín, terminando mi enseñanza primaria y mi secundaria, sin costarme un centavo tampoco.
Todo eso gracias a la revolución. Una vez que terminé el noveno grado, tuve el honor de ganarme una beca para estudiar mecánica general que se estudiaba, en aquel tiempo, en Santiago de Cuba, por lo que tuve que alejarme de la familia y venir a estudiar aquí, a Santiago. Dentro de la Mecánica General, entre el año ‘69 y ‘72 estudio tornería y me hago tornero de profesión. Y ya graduado, me quedo trabajando aquí. De modo que Santiago me abre las puertas y me prepara para la vida, y ya, además de ser mi padre un oficial de las Fuerzas Armadas, yo me hago un revolucionario igual que él. Milito en la juventud aquí en Santiago, formo mi familia. Termino el bachillerato y comienzo a estudiar, en la Universidad de Oriente, la carrera de Ingeniería en Construcción de Maquinarias, que no pude terminar por que en tercer año me tocó una tarea de defensa de la Patria.
¿cómo irrumpe en tu vida la piedra?
Me encanta que me hayas preguntado eso. Yo no soy escultor. Mi profesión es tornero, pero en aquéllos años en los que me incorporo a la vida laboral y donde voy a trabajar había compañeros que no dominaban el sistema internacional y yo sabía trabajar con instrumentos del sistema métrico y tenía una formación integral muy bonita e ideológicamente me había preparado. Voy a trabajar por primera vez, a una central y me encuentro con una cantidad de personas que pasaban a la tercera edad, muy renuentes a trabajar con un instrumento que no fuera un compás y una regla. Entonces me designan para como maestro obrero y darle clases a un grupo de cincuenta o sesenta personas, todos los días una hora, para que alcanzaran el sexto grado y luego el noveno. Para mí fue un honor infinito enseñarle a esa gente a trabajar con el sistema métrico decimal, para que aprendieran fórmulas. Eso me hizo ganar en confianza, en prestigio, siendo un jovencito. Sabía hablar de historia, por lo tanto, a las efemérides yo las resumía todos los meses y laboraba produciendo piezas de repuesto y por la noche mi universidad. Cuando no pude proseguir estudiando la carrera, yo me seguí preparando profesionalmente en otras tareas. Luego me tocó dirigir un taller de maquinado porque ya era innovador por excelencia y logré representar a mi empresa en el Palacio de las Convenciones en la Capital, con la fabricación de aros o segmentos del pistón de automóviles. Así traje para Santiago de Cuba un certificado de autor firmado por la presidenta de la Academia de Ciencias y por esos días gané una gira por los países socialistas, por mi vocación innovadora por mi carácter de formador de valores en gentes que yo pensé que no se iban a dejar enseñar.
Visité los países socialistas, entre ellos la URSS, Rumania y Checoeslovaquia. Ya existía el CAME (1) y la cooperación y allí me encuentro con jóvenes que comprenden la necesidad de la formación de especialidades para nuestro país. Vine impregnado de muchas cosas bonitas y quise seguir estudiando. Conocer un poco sobre los valores de la economía de lo debo al PCC. Me preparé en cursos de superación para jóvenes y llegué además del taller de maquinado, pasé formación profesional y me nombraron director de una base de reparaciones sin ser ingeniero, pero todo innovador ya fabricaba piezas de repuestos para técnicas capitalistas y por eso fui ganando prestigio. Defendí ponencias como esas de los aros en el Palacio de las Convenciones donde cogí un cuarto lugar. Cuando ya corrían los años 80 y en el período especial en Cuba, ya mi empresa se dedicaba a construir viviendas y otros proyectos vinculados con hospitales y carreteras y la paralización de muchos equipos me llevó a estudiar las piezas que se paralizaban y a estudiarlas. Yo ya hacía cálculos como un ingeniero, pero de esta forma terminando el tercer año un poco se me frustró la carrera pero así avanzaron mis etapas como constructor, como innovador y llegué a dirigir la Atención al Hombre, ser especialista en gestión de calidad, me hice auditor de calidad también. Y un día dirigiendo la calidad de una planta de prefabricado se me confió una tarea que no pregunté para qué era. Era el año 2009, yo creo que ese año me marca a mí y desde esa fecha hasta hoy son quince años formando parte del proyecto para el Líder Histórico de la revolución cubana y que ese proyecto se convierte en esa roca eterna que es símbolo hoy en el corazón de la Patria ¿Qué más decirte? es una historia muy larga…
Claro pero hubo varias piedras…¿Fidel la elije?
Primero déjame decirte que a mis años aprendí lo que es la compartimentación y a eso lo respeto y los revolucionarios debemos pensar así. Fidel es el que aprueba su proyecto en el 2006, eso es una elección del sello de ese amigo-hermano que tú has conocido y eso forma parte de la historia que cuento ante cientos de personas a lo largo y ancho del país. Porque ¡qué bonito es rendirle tributo a Fidel en el cementerio! No puedes imaginarte cuantas cosas se me pasan por la mente cuando estoy restaurando ahí. Para poder restaurar en estos nueve años de su partida ¡cuántas cosas me pasaron a mí, a este hijo humilde, trabajando la piedra! Primero no sabía nada. En esa compartimentación silenciosa. Mi familia no sabía. Durante seis años me preparé para poder rendirle tributo a Fidel después de su aprobación de la honrosa tarea que nos tocaba a nosotros los orientales.
Y permíteme contarte algo, hasta el 2006 en que Fidel aprueba el proyecto de una roca, de una piedra, que mucha gente pensaba que era una piedra que había venido del más allá, de fuera de nuestro territorio, yo tuve el honor de conocer, que después de los sucesos del Moncada, Fidel ya en el presidio en la Isla de Pinos, hizo el 12 de diciembre de 1953 un llamamiento a la población cubana en el que dice: “espero que un día en la patria libre se recorran los campos del indómito oriente recogiendo los huesos de nuestros mártires caídos”. Fidel nos estaba diciendo en el ’53, en ese manifiesto, que no va a quedar nadie olvidado. De cualquier gesta revolucionaria: de la clandestinidad, del movimiento “26 de Julio”, de sus compañeros, de su generación que no dejó morir al Apóstol en su centenario, de esa lección que recibimos aquí hoy en este museo histórico. Fíjate, esa prédica de Fidel está impregnada en nosotros en nuestros corazones y de todos los revolucionarios cuando dice que hay que juntarlos a todos en ese Altar de la Patria y que su epitafio sea un pensamiento de Martí. ¿Qué dice Martí en ese epitafio que está detrás de la piedra en ese retablo a los héroes del 26 de julio?: “Ningún mártir muere en vano ni ninguna idea se pierde en el ondular y revolverse de los vientos. La alejan o la acercan; pero siempre queda la memoria de haberla visto pasar”. A mí me fascina eso de Fidel. Hoy te puedo decir que no ha quedado nadie olvidado. Uno recorre ese Frente Patriótico donde están los padres fundadores de la Nación Cubana: Mariana, la Madre de la Patria; Céspedes el Padre de la Patria; Martí el Apóstol de la Independencia y el más universal de los cubanos; los mártires del 26 de julio y de la insurgencia; los internacionalistas de las últimas gestas y el alma, pensamiento y corazón de nuestro Líder Histórico, en esa roca eterna.
¿Cómo fue la instalación de la piedra y el traslado de los restos de Fidel ahí?
Todos conocemos que esa roca pertenece a la cordillera sureste de la Sierra Maestra, esa cordillera que se divisa desde aquí, límite de su parque nacional con el macizo montañoso de la Gran piedra. Es un escenario milenario, muy cerca de la granjita Siboney. El Dr. Eusebio Leal y otros importantes investigadores santiagueros determinaron que esa cordillera es de origen volcánico y en su cúspide de mil doscientos veinticinco metros sobre el nivel del mar, cerca de la Gran piedra está esa gigantesca roca que es una curiosidad del caribe insular, de setenta mil toneladas. Eusebio nos dice que un cataclismo de la naturaleza permitió que allí quedara esa gigantesca roca y que otras rodaran. Entre las que rodaron fue escogida esta. Y en su interior se guardan las cenizas del Líder Conductor de la Revolución Cubana.
Cuando muere Fidel tuvimos nueve días para prepararnos para que llegaran a Santiago las exequias de Fidel. El pueblo lo siguió de occidente hasta oriente. ¿Cuánto significó para mí cuando se trasladó la piedra ya terminada, completa, lista, con todo, con todo, para el cementerio? A ver…derramé lágrimas porque detrás de esas lagrimas me quedan muchas huellas emblemáticas…en la tibia, en las dos piernas con fragmentos graníticos que me golpearon. Me hicieron seis intervenciones quirúrgicas y estuve en terapia intensiva casi hasta que él muere, pero me queda una respuesta: me dicen que Fidel estaba muerto y que todo estaba hecho. A los Antonio nos dicen Tony como en mi casa, pero ellos me dicen Matos o Matojo, cariñosamente, o me dicen Manín, que es una expresión de hermandad que yo llevo muy hondo. Fueron seis años que mi familia no supo lo que yo hacía.
¿Qué forma querías darle a la piedra y cuando fue el día en el que Fidel dijo “esa es la piedra”?
En el 2006 fue la aprobación, para no meterme en el proyecto del arquitecto, porque si algo he respetado durante todos estos años es precisamente que delante de mi está el arquitecto y delante de él estaba el asesor del general del ejército y delante, el mismo Raúl que es quien puede contar estas historias y también un compañero desaparecido hace poco que fue el últimos asesor que tuvo, Ramón Espinoza Martínez al que le debo la confianza y la seguridad de que yo sí podía. Llegué a decir en una oportunidad que no me puedo atribuir el concepto de que soy un artista, yo respeto mucho todas estas instituciones, estas galerías de arte, soy amigo de todos ellos, de ese eminente escultor, profesor, como le digo yo, Alberto Lescay Merencio, que me ha sabido reconocer y le he dicho que yo sé que la cultura es espada y escudo de la nación cubana, yo soy amigo de esa espada y ese escudo.

Y he hecho una interpretación de saberes y muchos escultores hoy me dicen cuando voy para el cementerio: ¡Manín, Matos! , ¿tu podrás darnos una manito aquí? Y comparto mis saberes con ellos, por eso no me siento apartado en ese sentido. Me siento reconocido por esos amigos, porque volqué una cantidad de saberes en el cincel, en la mandarria o en un disco de diamante y todo lo que utilicé y sobre todo mis manos transformadoras, porque llegué a tornear los pernos que portan la piedra y las tuercas esas que brillan también. Y hoy en día me siento orgulloso de que se pueda contar conmigo para esa tarea. Entonces te decía que ya Fidel conocía que existían esas rocas graníticas que tienen un origen volcánico que tienen una formación geológica muy hermosa, muy linda.
El granito es una roca ígnea, que se forma dentro del magma volcánico formada por una cantidad de elementos geológicos que la hacen tenaz, resistente, impermeable. En esa resistencia que tiene esta geología está la resistencia de este pueblo, está la resistencia de los jóvenes de la clandestinidad que luego engrosaron las filas de glorioso ejército rebelde que destrozaron a las fuerzas de la tiranía y así logramos entrar triunfantes a la Habana el 8 de enero del 59. Yo creo que independientemente de la dimensión o la forma que tuviera la piedra, la vida y la obra de Fidel la encierra una prédica martiana “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. No por el tamaño ni por la dimensión, porque participé en la localización. Cuando la localizamos la vimos emblemática, con un valor extraordinario, su frente como si la estuviéramos imaginando en el cementerio. Indudablemente ella así mismo cumplía con la predica martiana. Yo creo – como me dijo un amigo un día- que la obra de Fidel cabe en un puño, en la fortaleza de un puño está la obra de Fidel. Cuando yo estoy restaurando la piedra y llegan delegaciones que vienen a ver ese patrimonio que está en el cementerio, todo el mundo se concentra en la obra del Líder Histórico y cuando uno contempla detrás de él, que es el alma y el pensamiento de la revolución cubana, y ve desde Mariana, hasta Martí y los internacionalistas, ve la dimensión histórica de ese grano de maíz, que es lo que representa la piedra donde, al decir del Apóstol, cabe toda la gloria del mundo.

(1) Consejo de Ayuda Mutua Económica. Organización de cooperación económica formada en torno a la URSS por diversos países socialistas cuyos objetivos eran el fomento de las relaciones comerciales entre los estados miembros.
Nota: las fotos que reproducimos del libro El Altar de la Patria, corresponden a los fotógrafos: José Luis Guibert García, Omar López Rodríguez, René Silveira Toledo, Jesús Vicente González Portuondo, Jesús Vicente González Díaz






