Alberto Hernández

Colombia no solo ha sido un país que despertó mi interés por su historia, donde la paz fue una ausente prácticamente desde la guerra de la independencia; por su belleza y exuberancia natural acribillada por la violencia, el narcotráfico y la intromisión insolente (como ha sido su costumbre) de los EEUU a través de la DEA y la CIA, sino porque me une un afecto entrañable con su pueblo diverso y guerrero con el que conviví, entre idas y vueltas, más de una década. Desde el 2012 hasta hace un par de años en los que me entretuvieron otros temas, escribí más de veinte notas sobre su situación (que por si interesan adjunto los enlaces). En ellas hice centro en las formas en que la derecha, representada por el uribismo en los últimos años, mediante asesinatos y un sistema de corrupción y vínculos con el narcotráfico afirmó un sistema de desigualdad social y de dependencia con el imperialismo que ubicó a Colombia como una cabecera de playa de los EEUU en el continente sudamericano. Pero no solo la Colombia del “Matarife” como lo apodan a Álvaro Uribe, fue de me interés, también la lucha heroica de ese pueblo, de sus jóvenes, mujeres y pueblos originarios por sus derechos y un futuro mejor y el ascenso de Gustavo Petro con su “Bogotá Humana”, luego “Colombia Humana”, desde que fue alcalde de Bogotá hasta hoy que, aunque complicado, como presidente sigue peleando junto a su pueblo y dando un ejemplo moral y esperanzador al mundo entero.
Dentro de los cambios que están ocurriendo en ese país, además de los sociales y políticos, por estos días salió la condena de Álvaro Uribe, el “Matarife”, hombre poderoso si los hubo, al que ningún tribunal se animó a echarle el guante. Pero un día llegó la jueza Sandra Heredia que puso la justicia donde debe estar y hoy ha sido condenado por fin, aunque por un delito menor (tal como fue el caso de Al Capone), su estrella empieza a dejar de titilar. Sin embargo, todavía el poder oligárquico en Colombia sigue fuerte, las bases militares yanquis siguen estando, y la prensa hegemónica sigue cacareando para la derecha. Petro no la tiene fácil, pero algo es algo y con el pueblo en la calle y respondiendo ante cada desafío, más tarde o más temprano el país de las mariposas amarillas irá encontrando un futuro de paz y dignidad para su gente.
Respecto de la condena de Uribe, me sentía con el compromiso y la necesidad de escribir algo, pero leí estas notas, una del Pájaro Salinas y otra de Adriana Arjona, de Cambio, en Pajaro Rojo y no creí que fuera necesario agregar nada más. Así que aquí las comparto.
A.H.
Mis artículos prometidos sobre Colombia:
La espada de Bolivar, Macondo y el cambio histórico en marcha (05/08/22)
El país de la belleza ensangrentada. Notas de Medellín que quedaron en el tintero (25/10/22)
Colombia en un cambio histórico. Segunda nota (27/07/22)
Colombia en un cambio histórico. Primera nota (22/07/22)
Pacto histórico contra el neoliberalismo (09/03/22)
El neoliberalismo asesina a plomo o por hambre (09/05/21)
Colombia ¿arde? y si no ¡que arda! (12/02/20)
Los muertos de la paz y la vuelta a las armas (05/09/19)
El lawfare contra Petro (01/11/18)
Ivan Duque ¿ingenuo o falaz. La unidad para enfrentar la corrupción (11/10/18)
Ivan Duque ¿ingenuo o falaz? Primera nota (14/08/18)
El «kirchnerismo colombiano» ante una posibilidad histórica (08/02/18)
Colombia en la ruta distópica del macrismo (30/12/17)
En Colombia crece la resistencia civil contra la parapolítica (05/07/12)
El mercado del transporte masivo en Bogotá (17/07/12)
Andando en Colombia por el sistema de salud (01/06/12)