Alberto Hernández

En toda su historia el capitalismo, salvo en algún caso aislado y no muy relevante, jamás pudo incorporar al mundo del trabajo, y menos a niveles dignos de vida, al conjunto social. Desde que el capital comenzó a reproducirse y ampliarse a partir de la explotación de los trabajadores, a concentrarse, mundializarse y ahora en su formato financiero y tecnológico, ha multiplicado la miseria, la marginación y la concentración de riqueza en muy pocas manos. Es así que grandes y cada vez más numerosas masas empobrecidas han debido, y deben, apelar a encontrar nuevas formas de obtener ingresos para sobrevivir apelando a la solidaridad, a la organización y a su capacidad de interpelar al estado reclamando políticas sociales.
En la Argentina neoliberal nacida con el Rodrigazo, reafirmada por la genocida dictadura de 1976 y con los más y los menos de casi todos los gobiernos democráticos, las organizaciones sociales, comunitarias, los comedores, los clubes del trueque y demás formas que encontraron los sectores populares para resistir y sobrevivir, han sido una constante y lo son más en la actualidad. Ni siquiera el kirchnerismo, que produjo una gran redistribución del ingreso a favor de los trabajadores y demás sectores populares, pudo terminar con el núcleo duro de la pobreza estructural y la desocupación, resultado ineluctable de la dinámica del sistema.
En la provincia de Córdoba, la isla de Angeloz primero y del cordobesismo después, los indicadores siempre fueron peores. La provincia de la Fundación Mediterránea siempre estuvo entre las más altas productoras de pobreza, indigencia y desempleo. Según los últimos datos del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) relevados por las encuestas personales a jefas y jefes de hogares, efectuadas durante el mes de abril de este año, el 58,2% de las familias no pudo acceder satisfactoriamente a la canasta básica alimentaria (CBA); el 72,4 que si pudieron hacerlo fue con asistencia estatal (AUH/Tarjeta Alimentar); en el 10,5% de los hogares, hubo algún o algunos integrantes que solo comieron una vez al día o dejaron de comer un día; un 17,8% de las familias tuvieron que mendigar o pedir comida; el 19,3% de los hogares en algún momento del mes se quedó sin alimentos; en el 29,8 % de los hogares, hubo integrantes que tuvieron hambre en algún momento del mes y no pudieron cubrir esa necesidad; el 49,3% de las familias debió suspender alguna ingesta diaria; el 88,7% de las familias debió financiar alimentos con tarjeta de crédito, fiado o pedir dinero prestado.
El panorama del desempleo y la pobreza no desentonan con esta realidad y la explican. La pobreza según datos del INDEC del último semestre del 2024 es del 35,5%; la indigencia del 9%; el desempleo del 8% y el subempleo del 14% (los que trabajan, pero no les alcanza). En general los que tienen problemas contando además los que deben buscar un segundo empleo para redondear un ingreso digno llegan al 50 % de la población, con mayor afectación a las mujeres, los jóvenes y los jubilados. A esto habría que agregarle el deterioro de la salud pública, la educación y la seguridad social, con el consiguiente aumento de la delincuencia y la droga.
Con este panorama social, en una provincia donde la gente parece anestesiada y sigue poniéndoles fichas a un gobierno nacional “anarco capitalista” (neoliberal, nada nuevo) y desquiciado; que vino a destruir la vida de los argentinos, a entregar la soberanía y reprimir como forma de control social, y a un gobierno provincial que lo apoya en las cuestiones fundamentales, que también sigue la impronta represiva, que gobierna para los sojeros, los negocios inmobiliarios y los contratistas del estado, las organizaciones sociales tienen que redoblar esfuerzos para sobrevivir, contener y asistir a la gente que la está pasando mal.
Una de esas organizaciones es el Espacio Marta Juarez. La casona que lo alberga, ubicada en Entre Ríos 435 de la Ciudad de Córdoba, se llena de actividades y gente que trabaja solidaria y mancomunadamente casi todos los días. Allí funciona una panadería social que abastece comedores comunitarios, una feria donde compañeros y vecinos ofrecen sus productos a precios populares y se realiza una nutrida actividad cultural. Tampoco faltan los encuentros sociales y políticos y hasta, en colaboración con ATE, un hospedaje para los compañeros. En general es un ámbito que desborda solidaridad y promueve la organización popular. Nacido por inspiración de la dirigente que le puso nombre a la agrupación y que fuera militante social, concejal y legisladora provincial hoy lo conduce el penúltimo de sus siete hijos: Marcos Ezequiel Gamarro. Con él conversamos en esa casa que ostenta orgullosa en la puerta de entrada el cartel con la figura de Marta.
“Eze”, como se lo conoce, en pareja con María, que lo acompaña en todo y con dos hijos, Sara y José, tiene un aire juvenil que no da cuenta de sus cuarenta y tres abriles; habla casi sin pausas, con convicción y las ideas y conceptos van brotándole “como agua de manantial” diría Fierro. Comienza haciendo un repaso de su vida militante que se inició desde muy chico, cuando estaba terminando los estudios primarios en Barrio Ejército Argentino, donde vivían. Desde la militancia barrial y luego secundaria, la participación en las marchas, su recorrido por Patria Libre, Venceremos, el M16 en el Deán Funes (donde también estudió el Che) y la formación política que se nutrió del peronismo de su padre y el marxismo de su madre. “Marta – no dice mi mamá o mi vieja, como si siempre la hubiera puesto en el pedestal de dirigente – nos inculcó la participación y era la que más empujaba a la militancia territorial y política. Respeté su militancia en los ’70 y la acompañé siempre en su derrotero en democracia por los organismos de DDHH su participación legislativa, su postura siempre firme contra el cordobesismo, su alejamiento de Libres del Sur, su ruptura con Luis Juez cuando éste viró a la derecha y su vinculación al final con el kirchnerismo.
“Allí se fue dando –rememora- el cierre de un proceso político que también se fue dando en los movimientos sociales. El kirchnerismo obró como una fuerza de atracción muy potente, aunque Marta no fue muy kirchnerista. Tenía algunas diferencias con Néstor y con Cristina. Siempre nos decía: hay que tener cuidado de no frustrar a las generaciones que vienen. Estaba muy preocupada por los jóvenes, y lamentablemente es lo que finalmente pasó”.
Por esos tiempos con veintiún años, ingresó a la Municipalidad de Córdoba en el área de Desarrollo Social en el programa Vale lo Nuestro dirigido por Daniel Juez. “Yo tenía una mirada – aclara -desde la economía social y fui acompañando a varios compañeros. Hubo momentos en los que se pudo hacer algo, pero después terminaron haciendo clientelismo comprando el trabajo que uno sabía que se podía hacer desde el territorio”. Sigue hablando sobre su experiencia en la gestión Giacomino, pero enseguida da cuenta con orgullo de su participación en la lucha de los trabajadores del combativo gremio conducido hasta hoy por Rubén Daniele y se muestra inquieto porque debiera estar con sus compañeros que están luchando por el salario.
Su postura frente al cordobesismo, no deja lugar a dudas: rescata la capacidad “armadora” de su fundador De la Sota, pero lo recuerda como el del “menemismo tardío” que recicló a Cavallo y a Kammerath en su lista. “No tenía nada que ver con nuestra historia, retrotrajo la política a lo peor y armó un aparato que le sirve hasta el día de hoy a Llaryora”. Se confiesa peronista pero no afiliado al PJ: “no creo que Carbonetti quiera mi ficha de afiliación, ni que el cordobesismo quiera levantar ese partido. Lo tiene alambrado y cerrado para que nadie pueda ingresar. La esencia del cordobesismo es lo que estamos viendo ahora: Llaryora bancándolo a Milei en casi todo. Lo mismo que hizo el gringo Schiaretti con Macri, la convivencia del poder lo llamo yo, cuando los negocios valen más que la voluntad y las necesidades que padecen los argentinos y sobre todo los cordobeses. El último gobierno realmente peronista que reivindicó al pueblo y su historia fue el de Obregón Cano y Atilio López. Lo otro…”
A la hora de definir el peronismo pone énfasis en su carácter movimientista y la centralidad que siempre tuvo la clase trabajadora: “Cuando estos empiezan a perder esa fuerza, entran a predominar otros sectores del peronismo más conservadores. Yo me considero de izquierda. Lo primero que tenés que definir es de qué lado te ponés. Después de Néstor y Cristina, nos costó acompañar a Scioli, a Fernández y Massa también. La avenida del medio termina virando para la derecha negociando con el poder, con los grupos económicos. Yo creo que la salida es para la izquierda reivindicando una historia junto a los trabajadores, a los humildes, a los descamisados de Evita. Esa idea es la que nos permite sentirnos parte del movimiento. Un movimiento que ha perdido fuerza y ya no es “el hecho maldito del país burgués” como decía Cooke. Le ganó el país burgués.”
Y continúa agitando como si estuviera ante una multitud: “El tema es para donde pegar un giro…muchos piensan que se puede seguir acordando con la burguesía. Yo pienso que hace rato la burguesía argentina dejó de ser “nacional”, ha pasado a ser un conglomerado de grupos económicos que no apuestan a este país. Basta ver que todos ponen su guita afuera y terminan sosteniendo un proyecto fascistoide. También tiene que ver con que el peronismo ha devenido un proyecto de clase media”.
Cuando le hacemos notar que el perfil de la clase trabajadora ha cambiado muchísimo, sobre todo en esta era tecnológica y se extiende lo que se ha dado en llamar la “uberización” del trabajo, los trabajadores de plataformas, el predominio de la informalidad por sobre el trabajo registrado, vuelve a retomar su experiencia: “Yo fui parte de los que creíamos que podíamos organizar la informalidad a través de la economía popular pero la realidad fue distinta, tampoco los gobiernos más favorables a la organización popular, nos dieron lugar. Ni Cristina ni Alberto nos dieron lugar para construir una economía que privilegiara a los sin techo, a los sin trabajo. Veníamos de sufrir el macrismo que nos dejó acostados y cuando vino Alberto, pensábamos que íbamos a asomar de nuevo y no pasó nada, ahora con Milei estamos peor y todos los días recibimos algún golpe nuevo. El proceso de destrucción social es muy acelerado”

Y prosigue. No es fácil interrumpirlo: “Al kirchnerismo le faltaron reformas estructurales, por eso volvió la derecha. Algunos creyeron que al llegar el kirchnerismo estábamos salvados. Yo soy kirchnerista porque me conquistó Néstor, pero hay un agotamiento que tiene que ver con que se quedó en la melancolía. Kiciloff habla de nuevas canciones, pero hay que tener cuidado con lo que empiece a cantar. También volvimos para ser mejores y volvimos peores”
La conversación vuelve a Córdoba y puntualiza que casi siempre se intentó construir robándole algo al cordobesismo y cada vez que hay elecciones hay que quedarse esperando que desde Buenos Aires digan quienes son los candidatos. “Yo pensé – se lamenta -en algún momento que teníamos aspiración de mayorías en Córdoba, pero no pasamos de ser una minoría y casi todos terminaron negociando con el cordobesismo. Ahora algunos están mirando si Natalia de la Sota va a ser candidata de este espacio, si se abre, si rompe. No la veo a ella rompiendo con el poder. Pero bueno, es más de lo mismo, no se pone en cuestión el modelo político. Hay que construir otra cosa y para eso nos están faltando dirigentes. En ese sentido las elecciones te ponen en la dinámica de pelear por los cargos y nadie piensa en el largo plazo, en construir una fuerza que piense en un cambio de paradigma, de orden social, tanto en el plano provincial como nacional. Algunos quieren ocupar cargos para poder jubilarse bien… Definitivamente hay que cambiar la forma de la militancia política, hay que ir hacia un nuevo paradigma militante que nos represente”
Eze se mueve inquieto en su silla y dispara definiciones en todos los órdenes. Habla del cierre de la etapa progresista de la región y la necesidad de “girar” el proyecto político y sostenerlo; de la “crisis del sistema democrático burgués”; la defensa del proceso venezolano y de la necesaria rebeldía de los jóvenes y acota: “si el norte nuestro son los yanquis estamos perdidos, yo creo en el socialismo”. No se le escapa que la primera condición para la reconstrucción de un proyecto nacional y popular es la resistencia en las calles y de cómo el régimen autoritario del gobierno nacional se replica en Córdoba: “Quinteros, se acomoda a la práctica neoliberal y fascista de Bulrrich”. También hay palos para algunos “dirigentes” sindicales que dicen van a salir a la calle pero “están tocando el bolsillo a los trabajadores, los están despidiendo, están vendiendo el país y no pasa nada”. Tampoco se olvida de los legisladores de Unión por la Patria “son veinte en la ciudad de Buenos Aires que deberían estar todos los miércoles con los jubilados en la calle”
Y siguió lanzando reflexiones y definiciones casi sin respirar:
“los que creían en la verdadera integración latinoamericana, que incluía el abrazo a la Cuba revolucionaria, fueron Néstor y Chávez. La muerte de ellos fue un quiebre en la región”.
“Veo con preocupación a las generaciones que vinieron después de esos procesos favorables que vivimos, que hoy no expresan esa rebeldía que teníamos nosotros cuando teníamos esa edad contra todo lo que ves injusto y hoy hay una injusticia de puta madre. ¡Cómo no te vas a rebelar ante la represión que todos los miércoles sufren los jubilados!”
“Hay dirigentes que dicen la gente va a estallar cuando le toquen el bolsillo, pero ya le están tocando el bolsillo a los trabajadores. Hay dirigentes que dicen que salen a la calle, ponen el pecho, pero los despidieron a todos y no pasa nada. Claro que no todos son triunfos ni todas son derrotas, yo creo que hay algo en la conciencia de los trabajadores y en los pueblos humildes por su condición de vida, que en algún momento lo van a hacer explotar”
“También hay que considerar algo que es propio del neoliberalismo: el asistencialismo como control social. Por eso no explota la cosa por abajo. Cuando vos aplicas, a lo que corresponde por derecho – como la AUH o la tarjeta alimentaria -, aumentos regresivos en términos reales, a las organizaciones sociales le sacas los alimentos, le anulas la olla y si le anulas la olla, la mujer deja de juntarse con la vecina y de esa manera deja de generar organización comunitaria”
“no soy de la idea de que tenemos que acumular atrás compañeros con necesidades, para salir a dar respuestas sociales y políticas. Todo lo contrario, creo que hay generar conciencia para dar después respuestas políticas movimientistas”
“La pobreza no solo tiene que ver con no tener comida, sino en qué condiciones vivís, porque sin el mejoramiento de las villas, cuando ves gente tirada en la calle, no es por la crisis, es por el abandono del Estado
“La realidad social y las reacciones y manifestaciones de resistencia deben tener una resultante de frente político. Nuestra dirigencia tiene que tomar conciencia de esto y después discutimos representatividad. Para eso son las PASO. A nuestros candidatos los elegían a dedo y terminaba en enojo. Y es difícil militar el enojo. Demasiado acarreas el enojo con la bronca que pasas todos los días.”
“Hoy hay que construir algo que ofrezca esperanza…no hay ningún dirigente que se ponga en eso y darle lugar a las nuevas camadas de dirigentes que tenemos que sacar a jugar para darle voz a los laburantes, a los sectores humildes, a los de abajo, a la militancia. No podemos seguir eligiendo representantes que terminen presos de la lógica de la democracia burguesa, que sirvan para la foto o vayan en una lista sábana y no digan nada. Tiene que ser legislador porque se la banca y después le dé continuidad y que no se venda, porque hay muchos comprables porque, entre otras cosas, es parte de la lógica de la democracia burguesa y cuando llegan y entran a cobrar treinta o cuarenta salarios mínimos, se endulzan y no quieren largar la teta. Yo creo que tenemos que proyectar legisladores que tengan mayor empatía con los que sufren. Hay mucha mezquindad y todos quieren ser”.
Cuando le mencionamos sobre la posibilidad de construir un frente político que tenga como sustrato a los sectores que resisten, muestra cierto escepticismo. “¿qué posibilidades podemos tener? – se pregunta – Tener un buen candidato en Córdoba que contrarreste a las distintas expresiones neoliberales de la provincia. Algunos le están pidiendo a Natalia de la Sota que sea candidata, imagínate. En Córdoba no creo que sea posible. En el país en la pulseada que estamos dando por el país que queremos dejar a las nuevas generaciones…nadie puede reemplazar a la dirigente que fue Cristina, pero sí necesitamos un recambio y no lo permitimos. A Axel no lo están ayudando a que sea el recambio, pero bueno…cuando no te dejan hay que entrar a los empujones. Creo que está tratando de construir de una manera más abierta. Espero que la apertura no traiga las mismas prácticas de siempre…”
Por fin, lo consultamos si se siente como uno de esos dirigentes que pueden ser parte del recambio y contesta con convicción: “Me gustaría. Hay gente que dice no, yo no sirvo ¿cómo que no servís? ¡si, te tiene que gustar!, si no participamos, hacemos la misma de siempre, hacen política otros y vos te quedas mirando. Tenemos que arreglar una forma de hacer política para que podamos llegar los de abajo y mantener la coherencia de saber a quienes queremos representar: a los laburantes, a los que vienen sufriendo, a los de abajo, con conciencia de clase. Pero la política no debe ser un proyecto individual sino colectivo. Veo que algunos lo expresan en el discurso y después en la práctica no es lo mismo. Lo colectivo significa construir con todos y con el aporte de todos. A algunos les sirve para llegar y después se bajan en la primera parada y se toman otro bondi. Creo que no hay que tener apresuramientos, pero hay que animarse. En ese sentido tengo un espejo para mirarme que es el de Marta Juárez que cerró su vida política con un nivel de representatividad que hay que emular. Hay una manera de hacer política que implica representar sin claudicar a los sectores de los cuales provenís y aprovechar el espacio de poder que tengas para seguir construyendo organización social y política. Porque de esto no se sale sino colectiva y organizadamente y con sentido de comunidad. Pienso que hay que humanizar la política. Hoy el político está alejado de la gente y del sentido de humanidad, no se sensibiliza ante el drama humano. Como decía el Che y comparto: “hay que endurecerse sin perder la ternura”, porque por encima de todo hay que poner al ser humano. No podés tener una vida que esté abrumadoramente lejos de la de la mayoría de la gente. Tenés que vivir de cerca el drama, porque si no lo sentís… No podés hacerte una casa que después no podés declarar. Igualmente, esa conducta hay que sostenerla en tu vida. Sigo poniendo el ejemplo de Marta que se fue como había llegado y volvió a su casita humilde que tenía en Andrés Oliva y siguió peleando por el bienestar de sus compañeras. Uno aspirar a tener lo necesario para vivir dignamente, no hace falta más. No hacen falta lujos, pero tampoco predicar la pobreza, porque la gente quiere y necesita vivir mejor. El trabajo, la familia y la militancia social te ordenan la vida, no concibo como proyecto de vida la salvación individual. Hay muchos que entran a la política por esa causa, para hacer negocios. Yo no concibo ser financiado por la política ni financiar la política haciendo negocios, creo que hay que ser una voz para que la gente se pueda expresar y aprovechar las oportunidades para hacer algo distinto, si no, somos más de los mismo y no vamos a poder cambiar el país y estaremos perdidos.”
Contundente. Nos fuimos convencidos de que es la hora de estos dirigentes jóvenes con una historia de lucha y compromiso con los desposeídos, los marginados del sistema y los trabajadores. No nos asegura nada, pero ya hemos probado demasiado con los que ven en la política una carrera y una forma de incrementar su patrimonio y en función de esas ambiciones, no trepidan en venderse al mejor postor.