La trinchera tiene solo dos lados. Los tibios son instrumento del imperialismo.

Por Alberto Hernández

Trump diciendo: «a vos te anexo hoy y a vos te anexo mañana»

La asunción de Trump mostró al mundo la cara del verdadero poder a enfrentar si queremos dar paso a una humanidad sin imperialismos, sin guerras, sin injusticias y verdadera democracia. A su lado se ubicaron en posiciones privilegiadas Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, quienes también tendrán funciones en su gobierno o apoyarán sus políticas desde sus plataformas. Estos tipos, que están entre los diez más ricos del mundo, cuya riqueza aumentó en dos billones de dólares en 2024, según informó Oxfam (1)y creció en promedio 100 millones de dólares diarios, son el motor del neoliberalismo global. Como contrapartida, la pobreza no ha decrecido desde 1990. Estos son los que mandan en el mundo, ponen y sacan gobiernos, los condicionan, forman buena parte del sentido común global, manejan jueces y financian guerras. Trump, que es un instrumento de ese poder, al igual que la derecha neofascista global, parece decidido a afirmar su poder y sus pretensiones sobre lo que considera de su propiedad: América y sus riquezas.

Musk, Zukerberg y Bezos, los multibillonarios que son el nuevo poder mundial

En ese sentido encontró gobiernos dispuestos a ser anexados, como el de Milei y otros que adoptaron posturas dignas como México, Colombia, Honduras, Nicaragua, Brasil y como lo vienen haciendo desde siempre Venezuela y Cuba.

¿Por qué Venezuela?

Tal como está planteada la disputa de poder en el continente, vale la pena volver sobre las elecciones en Venezuela, aliado imprescindible en esta lucha, que dejan mucha tela para cortar y nos muestran como cada uno se posiciona frente a las pretensiones hegemónicas de los yanquis. Maduro retuvo el gobierno en Venezuela hasta el año 2031. ¿Fueron elecciones limpias? La Cámara Electoral Nacional (CEN) y la Corte Suprema de Justicia Venezolanas dicen que sí y por un buen margen. ¿Por qué cuestionar la legitimidad de tal resultado si las instituciones de un país soberano así lo determinan? Que lo hagan la derecha y el imperialismo que mantiene bloqueado el país en condiciones duras para su pueblo, que han intentado invadirlo, sabotearlo y establecer un gobierno títere para quedarse con sus recursos naturales, tiene su lógica. Pero que lo hagan sectores del progresismo como Lula (que además bloqueó el ingreso de Venezuela a los BRICS) o la propia Cristina, no tiene más explicación que debilidad ideológica o política.  De Boric no nos extraña, porque ha tenido posturas oscilantes en el plano internacional. Quedaron haciéndole el caldo gordo a los intereses yanquis, sionistas y europeos. Más dignas han sido las posturas de Colombia, México, Honduras y Nicaragua, que saben que para llevar adelante una política soberana que no se arrodille ante un imperialismo en decadencia y (por eso) desesperado y poder tallar en el mundo multipolar y tecnológico que se avecina, hay que estrechar lazos entre los países latinoamericanos y fortalecer la región para defender intereses propios. En ese sentido Venezuela que no está ni débil ni aislada, es una pieza clave. Además de la fortaleza de su pueblo y su ejército bolivariano que respaldaron al presidente electo, también lo hicieron más de cien países del mundo. ¿De qué lado entonces quedaron nuestros progresistas? Enredados en cuestiones de formas (2) y perdiendo de vista lo que de fondo está en juego: terminar con el neocolonialismo, el neoliberalismo (3) y la dictadura del capital, que se está llevando puesta la humanidad, la vida en la tierra y la posibilidad de una vida digna para miles de millones de habitantes de este castigado planeta. Más ahora cuando el nuevo cowboy del norte, xenófobo, homofóbico y racista, amenaza con reducir al vasallaje a medio mundo y recuperar para EEUU su rol de gendarme universal. A quienes cuestionaron la legitimidad del triunfo de Maduro, no los hemos visto ser tan duros contra el bloqueo y las sanciones que imponen EEUU y Europa a los países que no se disciplinan a sus intereses; a sus más de 700 bases militares desparramadas por el mundo; al intento expansionista de la OTAN, principal responsable de la guerra Ruso-Ucraniana (4);  no los vemos ser tan duros con Zelensky, hoy usurpador del poder en Ucrania, ya que se le venció el mandato como presidente hace más de medio año y ahí sigue;  no los hemos visto ser tan duros contra el gobierno sionista de Israel y la condena al genocidio del pueblo palestino y sus pretensiones expansionistas en esa región.  En esa línea deberían escandalizarse por el sistema político de China, pero se cortan las venas con el de Venezuela que ha sostenido la construcción de su socialismo elección tras elección.

Diaz Canel, Xi Jimping y Maduro

La trinchera tiene solo dos lados

Perón decía que la verdadera política era la internacional y no se equivocaba. Por eso en esos años de guerra fría formuló la tesis de la tercera posición. Hoy el mundo cambio y ya no existen aquellos dos bloques ideológicos. El llamado socialismo real encarnado centralmente por la URSS fracasó y hoy sobreviven en el mundo distintas experiencias socializantes con muchos problemas pero que siguen siendo banderas de lucha por una humanidad igualitaria, solidaria y (¿porque no?) socialista. No está claro qué orden social podría llamarse así, pero seguro que uno que supere la desigualdad abismal de la riqueza, propia del capitalismo; que garantice los derechos humanos en un sentido lato; que todos los habitantes de la tierra tengan acceso a la salud, la educación, la vivienda, la cultura, el esparcimiento; que asegure la paz; que se terminen los colonialismos y demás lacras del sistema.  En fin, es la superación de este capitalismo salvaje en el que estamos sumergidos. En ese sentido hoy no puede haber una tercera posición que recicle el anacrónico “ni yanquis ni marxistas”: o liquidamos este capitalismo y construimos un nuevo orden social (es una tarea histórica, no de hoy para mañana) o nos sometemos a su lógica de destrucción de la humanidad. Como dice el español Juan Carlos Monedero Las trincheras solo tienen dos lados. Aunque la táctica sea más flexible y necesitemos ser también reformistas, además de revolucionarios y rebeldes. Si no sabes a dónde vas, te pierdes”.

Por eso a la hora de plantearnos una alternativa que nos alimente el sueño de que es posible fortalecer el camino hacia esa sociedad, tenemos que tener en claro qué intereses y que proyectos se están jugando en el mundo, porque las posibilidades de Argentina y de la buena vida de sus habitantes depende de cómo nos ubicamos en esa disputa del mundo del futuro que se está dando país por país, ciudad por ciudad, familia por familia y cerebro por cerebro de la manos de los dueños de las redes sociales al servicio de las nuevas derechas mundiales.

Milei espiando desde el gallinero la asunción de Trump, en el lugar de los lameculos

¿Y por Argentina cómo andamos?

Y ¿cómo se expresan esos intereses en Argentina? En primer lugar, como dijimos, hay que tener en cuenta que ya la hegemonía imperial de EEUU y sus alcahuetes está en franca decadencia y que está surgiendo con una potencia inusitada un mundo multipolar que tiene su bastión en los BRICS comandados por China, Rusia India y Brasil, que no solo compiten en el plano económico, sino militar, tecnológico y cultural. (DeepSeek fue un duro golpe de la superioridad china) Debiera quedar claro, entonces que en función del interés nacional es imprescindible no hacerle concesiones ni siquiera en el plano de los gestos a un imperio que, con Trump asociado a los nuevos magnates tecnológicos y la nueva derecha, va a intentar recuperar el terreno perdido. En ese sentido hay que decir que, salvando un brevísimo tiempo del gobierno de Alfonsín y la gestión del kirchnerismo, desde el 75 hasta hoy, los gobiernos argentinos han sido condescendientes, cuando no vasallos, de la geopolítica imperial de los EEUU, siendo el de Milei el que se lleva el premio mayor del lamebotismo del coloniaje.

¿Puede el peronismo, siendo la única fuerza de la Argentina que en su origen tuvo pretensiones revolucionarias, hacerse cargo de esa tarea? Ya no, a no ser que se recree a tono con los nuevos desafíos del capitalismo actual y recupere su vitalidad revolucionaria, disruptiva, transgresora, hoy atributos de los que se ha apropiado la derecha mundial y especialmente el campeón de la motosierra. La última versión de aquél peronismo en el gobierno fue la de los 70. De allí en más la relación dialéctica entre partido electoral y movimiento fue a parar al baúl de los recuerdos y el peronismo quedó con la pólvora mojada, perdió su carácter movimientista y transformador y se convirtió en una pieza más del sistema demoliberal, sin capacidad para disputar el poder real ni efectuar transformaciones estructurales en la economía y en la sociedad. Un recorrido similar al del APRA peruano o el PRI mexicano. Los años de kirchnerismo fueron pródigos en la recuperación de la memoria histórica, consagración de nuevos derechos y mejoras en la calidad de vida de los sectores populares, pero no modificaron las condiciones de reproducción de las relaciones de poder y las formas de acumulación del capitalismo argentino, cada vez más concentrado, extranjerizado y financierizado al ritmo de la lógica de la economía global. Por eso hoy gobierna Milei, emergente de los intereses de esos sectores dominantes y del hastío popular.

Apelando a aquélla potencia transformadora que lo erigió en “el hecho maldito del país burgués”, muchos sectores del peronismo aspiran a recrear su carácter movimientista y aquélla impronta disruptiva, pero no encuentran base de sustentación en el partido anquilosado, con dirigentes afanosos en ocupar cargos (bien rentados por supuesto), extraviado en los meandros de la burocracia política,  plagado de traiciones, que no es capaz de renovar utopías, de entusiasmar ni de plasmar aquello de que la organización vence al tiempo. La idea del “capitalismo serio” (5) formulada por Cristina en el 2011, solo tuvo sentido en el marco del G20 y de una formidable crisis del capitalismo, pero carece de sentido como objetivo estratégico, ya que el capitalismo es el que es y se justifica por su carácter explotador, angurriento y depredador (del medio ambiente y de vidas humanas), que por su propia lógica concentra el capital en cada vez menos manos mientras desparrama pobreza por doquier. No solo entonces es una consigna vacía, sino desmovilizadora y derrotista. Desmovilizadora porque no permite vislumbrar una nueva utopía, un nuevo tipo de sociedad y de democracia que no se asiente en la explotación del hombre por el hombre, y derrotista porque se asienta en la falsa idea de que hay sectores del capital dominante con un interés nacional en los que se puede confiar y que se prestarían de buen gusto a la hora de plantearse una distribución igualitaria de la riqueza y un proyecto de país soberano. Siguiendo esta línea de pensamiento, vale la pena citar a Agustín Chenna que en El Aluvión (6) afirma con lucidez:

“…en política, estar muy enamorado del pasado está tan prohibido como estar más enamorado de uno mismo que del pueblo. A nosotros nos pasan las dos. Ahí radica hoy la debilidad del peronismo en particular y de la política en general. El anclaje al pasado imposibilita discutir el futuro (al fin y al cabo, ganó el único que proponía algo para adelante). Tiene algún sentido que estemos muy enamorados de nosotros mismos porque el pasado del peronismo es glorioso, es cierto. Pero lo que debemos preguntarnos es si queremos vivir frente al espejo preguntándole quien es más bonito o si queremos transformar la realidad. El lema “Moreno tiene razón” es igual de incapacitante que las clases de Cristina sobre lo genial que fueron los doce años de kirchnerismo ¿Qué importa tener razón sobre lo que pasó si no se puede construir una alternativa política que cambie el rumbo de lo que va a pasar? (…) Siguiendo la tendencia de mercantilización de la sociedad en la etapa de dominio del capital financiero, la política se volvió un gran negocio y el peronismo un hermoso nicho de mercado”

Perón y Cooke cuando el peronismo era «el hecho maldito del país burgués»

¿Qué hacer?

En principio ganar la calle construyendo la unidad más amplia para resistir sobre la base de un plan, que no se agote en marchas esporádicas, que incluya tareas de concientización y solidaridad. Esas acciones deberían ser la base que nos permita dar un salto hacia una unidad política, que reúna detrás de un programa democrático y de recuperación de derechos, a todos los sectores que quieran desalojar a la derecha del gobierno, ampliar la democracia (democratizando las redes sociales) y ponerle freno al autoritarismo. Pero esa acción que es imprescindible para la coyuntura, no es suficiente, si es que queremos poner fin a los recurrentes retornos de la derecha. Es hora de darle forma a una fuerza política de carácter frentista que se plantee la tarea estratégica de construir ese nuevo orden social, modificando estructuralmente las relaciones de poder, económicas y sociales, recuperando el carácter revolucionario que el peronismo tuvo en sus orígenes, pero de cara a la nueva realidad del capitalismo y sus nuevas contradicciones. Debieran integrarla el peronismo que no transa con el poder hegemónico, los trabajadores que resisten, las organizaciones sociales que no lucran con la pobreza, el feminismo popular, los ambientalistas, socialistas, comunistas y demás sectores y fuerzas del campo popular que rompan con el posibilismo y se planteen construir una democracia que solo será verdadera si es con justicia social. Y solo será posible en el marco de un proyecto de país soberano unido a los destinos de Latinoamérica, lo que exige un Estado fuerte y una economía democráticamente planificada sobre la base de la organización popular.  

Volviendo a Monedero “Aunque la táctica sea más flexible y necesitemos ser también reformistas, Si no sabes a dónde vas, te pierdes”, porque si no nos planteamos la construcción de un nuevo orden social, seguiremos perdidos.

(1) https://www.oxfam.org/en

(2) https://albertointendente2011.wordpress.com/2020/12/04/la-democracia-sera-maradoniana-o-no-sera/

(3) Esta etapa del neoliberalismo es definida por algunos teóricos como postfascismo, (https://www.elviejotopo.com/topoexpress/posfascismo-fascismo-como-concepto-transhistorico/) o tecnofeudalismo (https://pajarorojo.com.ar/dossier-varoufakis-tecnofeudalismo-muerte-o-mutacion-del-capitalismo/) que bien pueden complementarse.  

(4) El gobierno “nacional y popular” de Alberto Fernández a través de su representante en Naciones Unidas, Federico Villegas votó a favor de la suspensión de Rusia del Consejo de DDHH del organismo. Nunca antes dijeron nada sobre los crímenes del gobierno neonazi de Zelensky en la región del Donbass, ni obviamente de los que desde hace años comete Israel con el pueblo palestino, ni EEUU en el mundo y en su propio país. En ese sentido quedaron pegados con la derecha latinoamericana. Ni México, ni Brasil que se abstuvieron, ni Bolivia, Cuba y Nicaragua,que votaron en contra, acompañaron esa resolución.

(5) Una buena nota sobre este concepto de CFK es la de Edgardo Mocca del 20/11/2011 https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-181619-2011-11-20.html

(6) Agustin Chenna es Abogado, joven peronista, miembro de FRAGUA, (https://youtu.be/ls-HnMFKSmA?si=kyekQ9TDOK_bu9lO)  comunicador y director de El Aluvión. https://elaluvion.com/index.php/2025/01/05/apuntes-para-el-futuro/

Avatar de Desconocido

About Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.