El crecimiento del parque automotor de un 70 % en los últimos diez años es el principal causante de la contaminación ambiental en Córdoba, tal como lo indica el último informe de la Universidad de Córdoba sobre la calidad del aire que respiramos. En dicho informe se indica que la calidad del aire es mala y empeoró respecto del 2008 en numerosos puntos de la ciudad, por eso recomienda – tal como venimos pregonando nosotros- restricciones al ingreso de vehículos particulares al centro y el fomento del uso de la bicicleta y la peatonalización. Si el Concejo Deliberante aprueba la ordenanza que autoriza mas cocheras en el centro, prohibidas por norma que aprobáramos en el 2004, está fomentando la contaminación y el estado caótico del tránsito, que además por vía del estrés es causante de otros problemas de salud de la población. Todo esto sin considerar el perjuicio irreversible que se puede causar al patrimonio histórico Cordobés y sobre el cual ya se han expresado la UNC y otras entidades.
Sin dudas que las razones inmediatas para aprobar este engendro es destrabar la construcción del proyecto inmobiliario en la manzana del Banco de Córdoba y favorecer los negocios de Edisur y otros. Se sigue de esta forma diseñando la ciudad en la que vivimos todos, al ritmo de los negocios de los desarrolladores urbanos, que desde hace cuatro años a esta parte tienen vía libre y que desde hace más de una década son el verdadero poder en Córdoba.
En Córdoba hay que decidir si gobernamos para los dueños del capital o para asegurar el derecho a la ciudad de todos los cordobeses. Son intereses contrapuestos y el Estado debe actuar como equilibrador de la balanza. Seguimos pregonando una Revolución Urbana que trastoque las relaciones de poder de tal forma de permitirnos construir una Córdoba con equidad, sustentable y con protagonismo social.
Alberto Hernández